La central nuclear de Zorita fue la primera explotación atómica que existió en España. Comenzó a operar en octubre de 1968, siendo entonces todo un símbolo del desarrollo industrial del franquismo. Incluso el propio general Franco la inauguró junto al vicepresidente Carrero Blanco y el ministro de Industria, Gregorio López Bravo, que llegó a hablar en su intervención pública de «la necesidad inexcusable de disponer de energía suficiente para nuestro desarrollo económico e industrial», el mismo discurso que hoy se emplea en la búsqueda de fuentes de energía para garantizar el desarrollo.
Con el paso de los años, Zorita se convirtió en otro símbolo. Los ecologistas y el Gobierno de Castilla-La Mancha de José Bono no paraban de citarla como ejemplo de la peligrosidad que representa la energía nuclear. Sus continuos fallos hicieron que el propio Bono la bautizara como «la vieja cafetera de Zorita», sobrenombre que la acompañó hasta su final, en la primavera del 2006. La presión social logró su cierre -antes, en 1989, los técnicos habían conseguido cerrar Vandellós I-.
Sobre las 65 hectáreas que ocupa Zorita se levantará en el futuro una planta eléctrica de ciclo combinado de gas con dos grupos de 400 megavatios. Su desmantelamiento ya es una realidad y hará que su famosa cúpula roja desaparezca del paisaje alcarreño de Almonacid de Zorita, al pie del río Tajo.
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