Un error de cartas de navegación, unido a la espesa niebla que se registraba en el momento del accidente, fue lo que provocó el encallamiento del crucero Ushuaia en aguas de la Antártida. El suceso se produjo sobre las diez de la mañana (hora local) del jueves. El mal tiempo había impedido a los pasajeros, entre ellos seis españoles, realizar una de las habituales excursiones por tierra firme. De pronto sintieron un fuerte crujido y lo que un integrante de la tripulación define como «algo parecido a un fuerte frenazo». Habían chocado contra una roca.
Después de unos primeros momentos de nerviosismo, y tras comprobar que los daños habían sido mínimos, se recuperó la tranquilidad. A media tarde, un buque de la Armada chilena recogió al pasaje, que ya viaja hacia Shetland. La tripulación sigue a bordo a la espera de la llegada de los inspectores que confirmen el estado de la nave, así como de un remolcador. Un equipo de buzos comprobaba ayer que por la zona de la fisura no se vertía fuel o aceite al mar.
Las rigurosas normas medioambientales que rigen en la Antártida obligan a los barcos a ir preparados para este tipo de contingencias. De hecho, en cuanto sonó el zafarrancho de emergencia, lo primero que hizo el Ushuaia, tras comprobar que nadie había resultado herido, fue desplegar una pequeña barrera anticontaminación en la proa. El crucero, que había salido el pasado día 28 de puerto, tenía previsto estar de vuelta el lunes.