«Aquí los niños van descalzos, apenas tienen para comer, pero desprenden felicidad y libertad»
SOCIEDAD
Por las ciudades y pueblos de Senegal, uno de los veinte países con menor índice de desarrollo del planeta, Jara ve «pobreza, pero no miseria». «Nunca se podría pensar las penurias que mucha gente pasa, porque ellos se encargan de transmitir una imagen digna». Un ejemplo, reflexiona, son los niños: «Cuando te adentras en las aldeas, están subidos a los árboles, jugando con ruedas, recogiendo fruta? Y todo con una inmensa sonrisa, aunque van descalzos, en muchos casos no tienen demasiado para comer y, sin embargo, la sensación de libertad y felicidad que desprenden me hace reflexionar sobre cómo estamos educando a nuestros menores. Europa se ha convertido en una sociedad en la que los chavales corren del colegio a casa, a jugar con las consolas, y casi siempre vigilados»
Aunque también ha tenido momentos para pensar qué hacía ella en ese país: «La última vez, en septiembre, me vi recluida en casa una semana por haber atrapado el tifus y una anemia de caballo? Me planteé si esto realmente compensa, si tengo necesidad de seguir aquí, y tras muchos momentos de reflexión, mi respuesta es clara: sí».
Porque, dice, la recompensa es «mucho mayor» que en otros trabajos: «Ves un cambio, unos beneficiarios, y un proyecto que se concreta en la mejora de la calidad de vida de un pueblo? Eso ya supera una semana con tifus y mucho más».