Las consecuencias de las enfermedades cardiovasculares no se miden tan solo en términos de mortalidad. El impacto económico que tienen es tremendo y, además, creciente. Su coste global en Europa asciende a más de 192.000 millones de euros al año, lo que representa 391 euros per cápita. Sin embargo, se aprecian importantes diferencias entre los estados de la UE. Así, mientras que en Bulgaria el coste es de 60 euros por individuo, en Alemania supera los 600.
El 57% de estos costes son directos, el 21% se deben a la pérdida de productividad y un 22% a los cuidados informales de personas que las padecen. En el 2006, los males cardíacos de los europeos supusieron una pérdida de 41.000 millones de euros en productividad.
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