María Corral se enfrenta a su primer proyecto centrado en mejorar los recursos hídricos en un lugar donde es difícil saber si suenan disparos o bombas de palenque
Hogares palestinos aguardaban este mes ver la primera telenovela con sello autóctono, pero se han quedado con las ganas. Matabb ( Badén , en árabe), que así se llama la serie audiovisual ahora pospuesta, se centra, entre otros aspectos, en la ya casi común ocupación de los territorios palestinos. María Corral no precisa ni de tele ni de novela. Observa a diario las dificultades de los habitantes de la esa convulsa zona del planeta: «A poboación palestina atópase sometida a restricións nos movementos, demolicións de vivendas, confiscación de terras, toques de queda e operacións militares polas IDF -fuerzas de defensa de Israel- e a violencia dos colonos israelís».
Llegó la lucense con el segundo mes de la pasada primavera y es Ramala su primer destino en la cooperación internacional. Por eso, por ver lo que sucede con sus propios ojos, es por lo que se embarcó en un proyecto con la Asamblea de Cooperación por la Paz (ACPP): «O feito de experimentar outras realidades en primeira persoa é unha experiencia moi motivadora para min».
El programa en el que coopera tiene mucho que ver con la supervivencia diaria en los territorios palestinos; también, algo, con la geopolítica, que parece inherente a todo lo que sucede en Oriente Medio. Su programa está vinculado con el suministro de agua a la población. «Os recursos hídricos en Palestina son un punto focal do conflito debido á carestía e á política israelí de restrición de acceso á auga para os palestinos», relata. El proyecto plantea la extensión de nuevas redes de suministro, rehabilitación de canalizaciones, construcción de cisternas para la recogida de agua de lluvia... Todo ello «xera unha mellora nas condicións socioeconómicas e sanitarias da poboación local», cuenta. A la vez, una menor dependencia de la compra de líquido en camiones, a un alto precio.
La iniciativa, que la ACPP tiene repartida por toda la zona, se completa con planes de mejora sanitaria, de fortalecimiento de instituciones y sociedad civil. Siempre trabajando con contrapartes locales y con muchas reuniones previas antes de la visita sobre el terreno. No resulta fácil, sin embargo, abstraerse de lo que sucede alrededor y centrarse exclusivamente en el trabajo. «Cada día que paso aquí?-continúa- tradúcese en máis e máis dúbidas e preguntas ás que lles buscar resposta».
Aunque a su vida diaria le afecte de forma dispar: «No día a día tes que agardar colas nos checkpoints -puntos de control militar-, ensinar o pasaporte e responder a algunha que outra pregunta, pero na medida en que son europea, a miña vida non se ve directamente afectada moito máis ca isto».
La cruz, continúa, es la que pasan los palestinos. Sin necesidad de telenovelas. «O peor é a violencia que podes percibir constantemente: en Xerusalén cos soldados israelís rexistrando a palestinos e civís israelís armados; na zona de Hebrón, cos checkpoints dentro da cidade e os colonos acosando aos palestinos, que teñen perdidos os seus pequenos negocios alí e prohibidas determinadas rúas; a cidade de Naplusa, onde arredor das once da noite o día e a vida acaban e os soldados israelís entran na cidade?». O la duda constante, dice, de saber si lo que acabas de oír «son disparos ou fogos artificiais de festa».
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