El dúo zaragozano, que interpreta hoy las canciones de su disco «Gato negro. Dragón rojo» en la compostelana plaza del Obradoiro, reivindica la música profunda
29 jul 2008 . Actualizado a las 02:00 h.Han pasado diez años desde que el dúo zaragozano se presentaba por vez primera en Santiago, en pequeños espacios, dándose a conocer. No eran tiempos muy optimistas para Eva Amaral y Juan Aguirre, pero una anónima bruja siempre les vaticinó que triunfarían y llegarían al gran público. Hoy, la música de Amaral ha conseguido ser la más vendida de España y las entradas para algunos conciertos se agotan a las pocas horas de ponerse a la venta. El dúo lleva por todo el país la gira de su último disco Gato negro. Dragón rojo, que sonará esta noche en el concierto del Obradoiro. El dúo, que actuó en el reciente concierto de homenaje a Nelson Mandela en Londres, reniega del éxito y de la música como oficio sin pasión, reivindicando la música profunda.
-¿Cómo está yendo esta gira de vuestro «Gato negro. Dragón rojo»?
-La verdad que somos muy afortunados por la gente que está viniendo a vernos y a comprar nuestros discos. En un mundo tan efímero como el de la música siempre hemos tenido un público muy fiel y de amplio espectro porque pienso que bebemos de fuentes muy diversas.
-¿Para alcanzar esa cima ha sido determinante, por encima de todo, creer en la calidad de su sonido y en lo que dicen?
-No creemos en la calidad. La perfección no nos parece un valor en sí mismo, ni creemos que la busquemos. A nosotros nos gusta la música profunda. El blues y el folk pueden ser imperfectos, pero son profundos. El sexo no está hecho para hablar de él, sino para las emociones físicas y sensuales. La música para nosotros es igual, algo inmediato que muchas veces hace que no tenga sentido hablar de ello.
-¿Su último disco sigue fiel a esa concepción?
-Sí. La música, si no la vives desde la absoluta libertad, es un oficio muy aburrido. No puedes dejar que se convierta en un oficio cuando el oficio gana a la pasión. Cada día que pasa lo tenemos claro, porque vemos lo que es la industria del entretenimiento, que nos importa un bledo. La base para permanecer es vivir de forma intensa, tocar dejándote la piel. El éxito es como un animal que tienes delante y del que hay que reírse, y tener un punto de ironía.
-¿Pero no es difícil sustraerse a los condicionantes de las discográficas?
-¡Qué va! Nosotros, de ciudad de provincias, somos muy orgullosos y vivimos la música de forma más pura. Es que los medios de comunicación se centran en tonterías que no valen para nada. La gente tiene otras inquietudes, y la música corre con ellas.
-¿Estos tres últimos años en que decidieron dejar de tocar para hacer proyectos personales fueron enriquecedores?
-Sí, porque no queríamos dejarnos llevar por la rutina y la megalomanía sino volver al cine, salir con los amigos y escribir canciones en soledad.