«Compromiso firme» del rectorado de Santiago con los investigadores

SANTIAGO CIUDAD

Uno lleva varios días levantándose a las seis de la mañana para evaluar proyectos; otro se ha pasado el fin de semana entre papeles a los que ha dedicado más de diez horas de trabajo por jornada, y a un tercero apenas le llegan las 24 horas del día para atender sus obligaciones. «Non se pode pensar que a xente é quen de abarcar todo, tes que acabar renunciando a algo se queres facelo ben», confiesa este último. Son solo tres ejemplos de investigadores de la Universidade de Santiago (USC) de prestigio nacional e internacional afectados por un problema que amenaza con minar su voluntarismo y hacerles tirar la toalla: la falta de reconocimiento de la actividad investigadora, lo que les obliga a robar tiempo a sus familias para compartir docencia con la solicitud y ejecución de proyectos de investigación de primer nivel.

Estos tres y otros 28 científicos más han suscrito un manifiesto, que ayer adelantó La Voz, en el que reivindican el papel y la relevancia de la investigación en la USC y en apoyo a las medidas que se planteen para reconocer la actividad investigadora entre los profesores de la institución. Ninguno se opone a impartir docencia, más bien todo lo contrario, pero sí piden que se racionalicen los recursos humanos y se distribuya mejor el tiempo para no obligar a jornadas maratonianas a los académicos que también se dedican a la ciencia, una actividad a la que se entregan 1.700 doctores de la institución, cuyos proyectos, contratos y convenios de investigación han permitido contratar a más de 1.300 personas y captar para la universidad de fondos externos del orden de 45 millones de euros al año.

Distribución de espacios

El guante lanzado por los profesores acaba de ser recogido por el rector de la USC, Senén Barro, que ayer expresó su «compromiso firme» de reconocer el papel del investigador en la universidad. Como primera medida, aseguró que «non hai volta atrás» al acuerdo ya aprobado por el Consejo de Gobierno y que permitirá a partir del próximo curso liberar de hasta un máximo de 120 horas de docencia al personal que acredite su excelencia investigadora en función de una serie de criterios objetivos. Hoy mismo también está previsto que se llegue a un acuerdo para conceder más espacios a los grupos más competitivos, que en muchos casos ven limitado su desarrollo por la falta material de sitio para trabajar. «Imos ir a unha mellor distribución dos espazos universitarios e cada poucos anos vanse revisar as necesidades dos equipos de investigación para axustalas ao espazo que precisan», explica Senén Berro.

Otra iniciativa, aunque en este caso tardará dos años en ponerse en práctica, dará satisfacción a una vieja reivindicación de los científicos: la creación de plazas de profesorado en función de la actividad investigadora de cada departamento. «O esforzo investigador e o docente serán os principais criterios para dotar á universidade de novos recursos humanos», subraya Barro.