La Voz prueba 24 horas en un híbrido, un motor comprometido con el ahorro
28 abr 2008 . Actualizado a las 02:00 h.La tecnología estaba ahí. Por ejemplo, en los grandes barcos rompehielos. Y, en cierto modo, el coche híbrido es también un rompehielos. Una revolución. Porque ha abierto una brecha en la dependencia de los combustibles fósiles en la automoción.
La brecha se ha abierto ahora cuando el petróleo se agota y se encarece a toda velocidad y, también, porque los consumidores empiezan a demandar productos respetuosos con el medio. Pero la tecnología ya estaba ahí.
Cuando en 1997 Toyota decidió fabricar en serie su primer híbrido había pasado casi un siglo desde que Ferdinand Porsche presentara el Lohner en la Exposición Universal de París, medio siglo desde que una colaboración entre una compañía eléctrica y Renault diera como resultado el Henney, más de tres decenios desde que Victor Wouk diseñara un híbrido para General Motors, y veinte años del primer híbrido regenerado por frenos de David Arthurs. En mayo del 2007, Toyota anunció que había vendido más de un millón de híbridos en todo el mundo, lo que, según la compañía, había ahorrado al planeta 3,5 millones de toneladas de dióxido de carbono.
En febrero, al poco de llegar, el nuevo responsable de la firma en España, Katsuhito Ohno, dijo que uno de los objetivos de la marca es «difundir los modelos híbridos y las actividades relacionadas con acciones medioambientales».
Las posibilidades de la tecnología híbrida ya son exploradas por la mayoría de los fabricantes. Toyota fue el primero. El Prius es su modelo bandera, y La Voz ha querido comprobar sus prestaciones en un recorrido de más de 200 kilómetros por ciudad y carretera.
Como no es una elección aleatoria, la primera vez que el conductor toma el volante de un híbrido advierte el efecto de la responsabilidad. El Prius es un auto como cualquier otro de la gama media -algo más caro-, con sus adelantos tecnológicos para la ayuda a la conducción (incluida una cámara para las maniobras de marcha atrás), la seguridad y el confort. Pero es un híbrido, un coche pensado para ahorrar energía, que desde el arranque (sin necesidad de la llave de contacto, pulsando un botón en el panel frontal) invita a una conducción serena.
El arranque es mudo, limpio. Los híbridos se sirven de dos motores, uno de combustión interna y otro eléctrico. El Prius cuenta con un dispositivo en paralelo, donde el motor eléctrico puede impulsar por sí solo el auto al igual que el motor de gasolina. Las maniobras en el garaje son silenciosas, pero cuando al coche se le demanda más potencia (para superar una rampa, por ejemplo) entra en funcionamiento el motor de gasolina. Habituado el conductor a un vehículo de gasolina o gasoil, espera una respuesta más rápida. Pero así es el híbrido. Para ahorrar energía apela a una conducción más atenta, cuidadosa (la conducción ecológica, el compromiso que tratan de inculcar las autoridades de la UE en los usuarios). Cuando se maniobra para aparcar o se detiene, el coche apaga el motor de combustión interna. Ahorra. A velocidades bajas, el sistema del Prius aprovecha la energía sobrante de la combustión para cargar el motor eléctrico, y lo mismo sucede durante la desaceleración (es el frenado regenerativo que comenzó a desarrollar Arthurs en los años setenta: no es necesaria una recarga externa de la batería). En los semáforos, el Prius desactiva el motor de gasolina, que se reinicia al pisar el acelerador. Según las especificaciones del fabricante, el consumo de gasolina en ciudad es de un 5 litros por kilómetro; y las emisiones, de 115 gramos por kilómetro. Las emisiones medias de un turismo normal rondan los 180 g/k.
Los niveles de ruido son muy bajos. Otra brecha frente la contaminación acústica. Es en la ciudad, habitualmente congestionada, donde el Prius despliega sus mejores cualidades, estamos ante un coche cívico.
En carretera, a velocidad de crucero, la carga del motor es más baja y el sistema de ayuda se desactiva. Su capacidad de ahorro mejora (4,2 l/k) y se reducen sus emisiones (99 g/k). El Prius ofrece una conducción suave. A una velocidad constante, en los límites de la permitida, resulta casi tan silencioso como en ciudad. El Prius no dilapida potencia. Ni apela a las formas. Puede que el primer coche del futuro haya abierto aquí otra brecha. La del sentido de la responsabilidad al volante frente a los instintos deportivos.