Cuando los padres son «colegas»

LUGO CIUDAD

El acercamiento de intereses entre generaciones ha provocado que la referencia paterna se difumine y que su autoridad haya quedado en entredicho

24 dic 2007 . Actualizado a las 02:00 h.

Educación sin límites. Ese es el concepto que mejor define los conflictos más comunes de hoy entre padres e hijos adolescentes. La referencia de autoridad se ha ido diluyendo hasta generar dudas razonables sobre quién marca las reglas en la familia. «Es difícil regular el tiempo que concedes a tu hijo para que juegue con la consola cuando eres tú el que que más tiempo pasas con ella», señala un psicólogo de A Coruña como ejemplo de hasta qué punto se van igualando los intereses de padres e hijos.

Buena parte de los adolescentes gallegos de hoy tienen menos hermanos de los que tuvieron sus padres. Las nuevas tipologías familiares y los patrones laborales inciden de forma diversa en las posibilidades de comunicación entre padres e hijos. Los primeros cuentan con un mayor nivel cultural para afrontar una comunicación más fluida, pero disponen de menos tiempo para llevarla a cabo. Los expertos recomiendan gestionar el asunto con sentido común: «Los adolescentes no quieren hablar con sus padres -afirma José Cardama, psicólogo de Vigo-. Eso es como lo de las cinco piezas de fruta al día. Si lo llevas a rajatabla puedes acabar metido siempre en el cuarto de baño». Dolores Valero, otra psicóloga, en este caso de Lugo, apunta la importancia de hablar con los hijos: «Pero para informar y para educar. No se puede pretender saberlo todo de ellos y no hay que invadir su intimidad, porque eso generará un rechazo superior».

Falsos amigos

El diagnóstico es claro y prácticamente unánime: hay una tendencia por parte de los padres en abdicar de sus responsabilidades y adoptar el papel de amigos, de colegas. «No hay que tener miedo a castigar ?-expone Pilar López, del Clínico de Santiago-. Hay que enseñar que un comportamiento determinado tiene unas consecuencias determinadas. El diálogo es imprescindible, pero también marcar unos límites».

Las consecuencias de estos desajustes se ven con frecuencia en la práctica clínica privada a la que los chavales llegan con un bajo nivel de frustración: «Ante cualquier no se derrumban porque ven esa negativa de una manera catastrófica -declara Dolores Valero-. Y eso ocurre porque están saturados en lo que tiene que ver con la gratificación inmediata; están acostumbrados a recibirlo todo y pronto. Así, su cultura es la del esfuerzo mínimo». De nuevo, la conclusión no sirve para la mayoría, pero sí parece que es una tendencia creciente.

Normas difíciles

¿Cómo inciden las nuevas tecnologías en las relaciones entre padres e hijos? Muchos expertos consideran que el Messenger, el móvil u otras formas de comunicación no aíslan a los adolescentes, sino que aumentan su nivel y el tiempo e comunicación, eso sí, no con su familia, sino con sus iguales. «El asunto ya no es cuánto hablan, sino de qué -apunta Manuel Fernández, psicólogo del Juan Canalejo-, porque muchas veces la conversación también gira sobre esas nuevas tecnologías, con lo cual se convierte en un soliloquio autístico». Como en el caso de las consolas, no es extraño que padres e hijos compartan ordenador y que sea imposible que el primero predique con el ejemplo el establecimiento de normas restrictivas en cuanto a su uso, cuando él es el primero que las vulnera.

Por otro lado, los estudios de opinión suelen mostrar que los adolescentes de hoy no tienen un mal concepto de sus padres. Buena parte de los conflictos generacionales son inevitables porque, como recuerdan todos los especialistas, está en su naturaleza cuestionar toda autoridad. El problema viene cuando esa misma autoridad, en buena medida escenificada por los padres, se autocuestiona ella misma.