Hace hoy 40 años, el sudafricano Barnard realizó el primer trasplante de corazón, que desde entonces ha salvado a más de 100.000 pacientes en el mundo
03 dic 2007 . Actualizado a las 18:12 h.Se llamaba Louis Washkansky. Y pasó a la historia por ser el primer receptor de un corazón trasplantado. Fue el 3 de diciembre de 1947. El lugar, el hospital de Groote Schurr en Ciudad del Cabo (Sudáfrica), y el artífice de este milagro, el doctor Christian Barnard.
Cuarenta años después de que este comerciante sirviera como conejillo de indias para la práctica de una técnica únicamente experimentada en animales, los corazones de más de 100.000 personas en todo el mundo han latido gracias a Barnard. Desde 1984, fecha del primer trasplante en España, y hasta este año, han sido un total de 5.241 pacientes los que se han sometido a esta intervención. Solo durante el 2006, este número ascendió a 274, mientras que Galicia registró 25 operaciones en el Hospital Juan Canalejo de A Coruña.
«Nadie tomó una foto, nadie hizo nada» para grabar un acontecimiento que quedaría para la historia, recuerdan en esta fecha memorable los supervivientes de aquella intervención. Una treintena de personas asistieron maravillados a los primeros latidos del nuevo corazón de Washkansky, a pesar de que los medicamentos usados para impedir el rechazo del nuevo órgano suprimieron sus defensas y murió casi tres semanas después.
Numerosas voces críticas se levantaron entonces para reprochar a Barnard el haberse precipitado solo por intentar ganarles la carrera a otros profesionales. Pero esas críticas no le impidieron entrar en la historia. En los años ochenta, esta técnica -realizada con éxito en la gran mayoría de las intervenciones- proporcionaba una supervivencia a los pacientes de apenas un año. En la actualidad, esta cifra supera el decenio.
Un nombre para la historia
Barnard se adentró además en el ensayo de otras técnicas arriesgadas en su momento, como el doble trasplante, las válvulas mecánicas y el uso de corazones de mono en situaciones de emergencia. No era ninguna novedad entre sus contemporáneos su postura a favor de la eutanasia, y su buen renombre solo quedó afectado por su apoyo a un producto contra el envejecimiento retirado del mercado norteamericano por sus efectos adversos. Gracias a él, sudafricano, el primer latido de un corazón trasplantado sirvió para poner su país en el mapa.