Los equipos de científicos de Shinya Yamanaka (de la Universidad de Kioto, en Japón), de Rudolf Jaenisch (en Cambrigde, Massachusetts) y de Konrad Hochedlinger (en Harvard) llevaron a cabo este verano un experimento muy parecido al que ahora anuncian, con la salvedad de que era con ratones.
Ese trabajo conmocionó a la comunidad científica, no tanto por la sorpresa de lo que llevaron a cabo -en todos los foros se esperaba a ver quién tenía éxito en esta línea de investigación- sino precisamente porque se pudiesen superar los problemas que este tipo de técnica generaba.
Tanto en el caso de ratones como ahora en el de humanos, los experimentos se han limitado al laboratorio, y todos los implicados son cautelosos a la hora de decir cuándo pueden hacerse realidad en pacientes. Para modificar las células de la piel se utilizan virus sin carga genética a los que se introducen las proteínas o los genes necesarios para su reprogramación; los científicos no saben si esta técnica es segura o si implicará riesgos para los que reciban las células.
Lo que está claro es que esta línea parece la más interesante, porque no supone la destrucción de embriones para su realización, evitando así condicionantes éticos.
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