Posicionado al margen de la doctrina oficial, Steven McIntyre lleva años reinterpretando las estadísticas vinculadas al cambio climático. Una de sus intervenciones más conocidas está relacionada con una gráfica bautizada con el nombre de palo de hockey -su forma recuerda a este instrumento deportivo-, desarrollada en el año 1998 por Mann, Bradley y Hughes para registrar la evolución de la temperatura en los últimos siglos. Según este modelo, la temperatura se mantuvo relativamente estable durante mil años, para dispararse de manera brutal en el siglo XX, coincidiendo con la revolución industrial. Esto vendría a demostrar la implicación del ser humano en el calentamiento global (gráfico de la izquierda). McIntyre y su colega economista Ross McKitrick auditaron esta propuesta utilizando los mismos datos y suposiciones, y llegaron a conclusiones bien diferentes. Así, según su teoría, en torno a 1450 la Tierra experimentó un recalentamiento mucho más acusado que el actual, con picos de 0,4 grados por encima de la media -gráfico de la derecha-.
Al margen de esta discusión concreta, McIntyre se ha convertido en el adalid de los «climaescépticos», una legión nada desdeñable de ciudadanos que ponen en cuestión que el calentamiento global constituya una amenaza, defienden que este período térmico forma parte de la palpitación climática natural de la Tierra y creen que la capacidad del ser humano para influir en la meteorología es desdeñable.
En el otro extremo se sitúan los que acusan a McIntyre de trabajar para multinacionales como Exxon, interesadas en minimizar los efectos del cambio climático que, en última instancia, ha acabado por reconocer el propio presidente de Estados Unidos, George Bush, y la práctica totalidad del mundo occidental.