Un niño muere y otra agoniza en Braga a causa del Creutzfeldt-Jakob

La Voz

SOCIEDAD

Un niño de 14 años residente en Braga se ha convertido en la primera víctima mortal en Portugal de la nueva variante del mal de Creutfeldt-Jakob ocasionada por la ingesta de carne de vacuno afectada por la encefalopatía espongiforme bovina, el llamado mal de las vacas locas. Desde el pasado abril, mes de fallecimiento del joven, las autoridades sanitarias lusas realizaron distintas pruebas forenses hasta determinar oficialmente hace unos días que la citada enfermedad causó la grave degeneración física y muerte del afectado, tras haberla incubado durante unos diez años.

En las últimas semanas de vida que el joven pasó antes de fallecer en el hospital São Marcos de Braga, otro caso con los mismos síntomas fue detectado en el mismo centro médico, afectando a una niña también de 14 años y residente en una parroquia de Famalicão.

La pequeña, que ya se encuentra en fase terminal, vive a unos 20 kilómetros de donde surgió el primer caso, pero salvo el origen de la infección, por ingesta de carne de vacuno, no se ha encontrado ninguna coincidencia en los hábitos de vida de los dos afectados. Es más, el joven fallecido pertenecía a una familia de alto nivel de Braga, mientras que la pequeña, de nombre Sara, procede de un núcleo sumamente humilde.

Un palpable silencio oficial rodea en Portugal a los dos primeros casos surgidos en el país por la nueva variante humana del mal de Creutzfeldt-Jakob, pese a que el número de vacas afectadas llegó el pasado año a su punto más bajo desde 1999 y con ello, y los intensos controles impuestos por la UE, la posibilidad actual de contagio es mínima. De hecho, el equipo médico que atiende a Sara sitúa su incubación en un período de tiempo de entre 10 y 12 años. Por entonces, su padre, David Pereira, compraba la escasa carne que comen en su casa en un centro comercial de Braga.

«Dos veces al mes compraba bistés en la ciudad y alguna que otra vez carne para el cocido y lo seguimos haciendo, pero ahora ya en nuestra parroquia, desde que abrió un centro. Esa es la única carne que comemos, y ya ve», se lamenta el padre de la niña enferma, postrada en la cama, sin habla, vista y oído desde hace meses. Según él, su hija «siempre fue una niña sana, muy fuerte y llena de vida, nunca necesitó ir al médico y sacaba muy buenas notas en el colegio, sietes y ochos».

Comenzó en septiembre

Pero todo comenzó a cambiar en septiembre pasado cuando empezó a manifestar una agresividad inusual hacia su hermano de nueve años, comenzó a aislarse en el colegio y bajar en su rendimiento físico y académico. Tras los primeros diagnósticos que apuntaban a un trastorno de ansiedad, surgieron movimientos involuntarios y después parálisis que llevaron a pensar a finales de enero a que Sara podía protagonizar el segundo caso de infección por encefalopatía espongiforme en Portugal.

El tiempo ha ido confirmando el diagnóstico, que sólo lo podrá certificar al cien por cien, en caso de fallecimiento, la autopsia.