«Si se introduce en el medio, es imposible erradicarlo; sólo se podría si se dejase seco el río»
SOCIEDAD
Una vez que el mejillón cebra se instala en un nuevo ecosistema es prácticamente imposible erradicarlo. De ahí que los esfuerzos se encaminen a controlar su expansión, aunque tampoco en este caso existe ninguna garantía. Originario de los mares Caspio, Negro y Aral, desde el siglo XIX ha iniciado una expansión lenta, pero inexorable, que lo ha llevado a situarse en los ríos de prácticamente todo el mundo. En Estados Unidos, de hecho, los daños que ha causado entre 1988 y el 2002 se cifran en miles de millones de dólares y hasta el momento no se ha conseguido detener su avance.
«Si se introduce en el medio natural, es prácticamente imposible erradicarlo. Habría que dejar seco el río durante al menos quince días para tener plena seguridad, y esto es imposible», corrobora David Poderoso, técnico de la Confederación Hidrográfica del Norte. El bivalvo, aunque prefiere las aguas remansadas de los embalses, presenta una alta resistencia a las condiciones del medio, tiene una enorme capacidad reproductiva -las hembras pueden producir un millón de huevos al año- y un gran poder de dispersión.
Sus principales focos en España se encuentran ahora en el Ebro, donde fue detectada su presencia en el 2001. Su alto grado de amenaza ha llevado a Medio Ambiente, con el objeto de frenar su expansión, a construir una costosa estación de filtrado de última generación, valorada en cinco millones de euros, en las riberas del embalse del Ebro. En este punto existe una conexión artificial construida hace más de treinta años que comunica el Ebro, en una especie de autovía del agua, con el embalse cántabro del Alsa, ya en la confederación del Norte. La planta, inaugurada ayer, tiene un sistema de doble filtrado que impide el paso de minúsculas partículas de hasta 25 micras. Una larva de mejillón mide 50.