C uál es el precio de dignificar la vida de una persona? No hay recorte de gasto admisible si es causa, por leve que parezca, que ponga en riesgo las más elementales condiciones de vida, los servicios básicos exigibles. Lo peor de la crisis es que llegue a afectar a la lucha contra la exclusión social y la pobreza. Los compostelanos de a pie así lo han entendido y mantienen su fidelidad hacia las organizaciones que se desviven por mejorar las condiciones de los más desfavorecidos. Lo hacen a través del voluntariado y de las aportaciones económicas directas, una de las vías de ingresos de estas entidades que mejor están respondiendo cuando las necesidades se multiplican porque en la misma medida se incrementa la demanda de quienes no tienen nada que llevarse a la boca o un techo bajo el que dormir.
Los rostros marcados por los efectos más duros de la recesión hacen cola ante los comedores sociales como el de la Cocina Económica, donde 300 personas, casi cien más que hace apenas un año, desayunan, almuerzan o cenan todos los días. Personas que comen rápido y conversan poco, que buscan el amparo de un plato caliente antes de volver a la calle a buscarse la vida. O en los repartos que periódicamente realiza la Fundación Amigos de Galicia, que el año pasado dio sustento mensual a 18.700 personas en toda la comunidad gallega, 7.000 más que en el 2010 y casi mil en Santiago. O Cáritas, que en toda la diócesis compostelana asiste a unas 90.000 personas en todos sus programas, que en algunos casos tienen una demanda un 30 % mayor que el año pasado. O el Hogar de San Francisco, donde pernoctaron 730 personas en el 2011, cifra que se quedará corta este año tras la ampliación de la capacidad del albergue dotándolo de más camas y hasta de colchonetas, y donde los sin techo también pueden acogerse a actividades de integración sociolaboral. O en las Voluntarias de la Caridad, a cuyo local en Conxo acuden hasta 300 familias en busca de ropa y alimentos. O Cruz Vermella, cuyos programas de intervención social llegan a miles de personas en toda la provincia. Y muchas entidades más que, de una u otra forma, trabajan en el terreno solidario de la asistencia social, procurando no solo satisfacer las necesidades básicas para la supervivencia de quien lo necesita, sea vivienda, ropa o alimentos, sino también facilitándoles los medios para abrirse camino hacia un nuevo futuro por la vía de los cursos de formación a la búsqueda, por imposible que hoy parezca, de un puesto de trabajo.
El Concello de Santiago hace lo que corresponde al duplicar ahora las subvenciones a estas entidades. En un contexto de recorte general de partidas presupuestarias, esta medida es obligada, y no va a suponer un lastre para el total de las cuentas municipales, aunque estén condicionadas por una previsible reducción de al menos cinco millones de euros este año. La entidad que más recibirá por convenio con el Concello, Cáritas Interparroquial, ingresará 70.000 euros, frente a los 35.000 del 2011. Esta subvención, como las de otras organizaciones, no va a ser la panacea para las necesidades económicas de Cáritas, que alcanza un 40 % de recursos propios, pero todo ayuda.
Con urgencias sociales que serán crecientes a medio plazo, las esperanzas para mantener un torrente de solidaridad capaz de satisfacerlas están puestas en las aportaciones de los particulares. No hay nada como verse reflejado en los rostros de la necesidad.