«¿Profe, me deja la cuadernola?»

La Voz

SANTIAGO

16 oct 2011 . Actualizado a las 06:00 h.

Enseñar castellano a una niña china de doce años que jamás escuchó antes una palabra de este idioma no debe de ser tarea fácil. Sobre todo si urge que tenga pronto unas nociones del idioma para meterse en las otras materias que componen el programa de estudios. Tal fue el caso de Quiang Mei, una de las alumnas de Susana Fernández en el grupo de adaptación de competencia curricular del IES Blanco Amor.

Pero Susana, que ya tiene la piel curtida después de siete años en situaciones similares, como su compañera Elvira Eiriz, tiene sus propios recursos que ha ido desarrollando a través de sus experiencias. Así, nos enseña una libreta con textos y dibujos elaborados a mano que viene a ser una especie de diccionario chino-español. «Lo he ido haciendo con otras alumnas chinas que he tenido antes, de modo que cuando llegó Quian Mei tenía mucho trabajo adelantado», explica con rostro de satisfacción mientras pasa por las páginas de su libreta. En todo caso, Susana matiza que Internet y, en general, los recursos tecnológicos le han facilitado mucho el trabajo. Aunque a veces, como apunta esta tutora, es casi tan complicado enseñar el castellano de España a un sudamericano que hacerlo con un ruso. Y mira para el uruguayo Marcelo, que a su vez echa una mirada divertida a la profe con sus ojos vivarachos. «¿Sabes que me dice este: ¿Profe, me deja la cuadernola?». La tutora advierte, en todo caso, que hay un interés especial entre el profesorado para que los críos mantengan sus raíces culturales («incluso lo fomentamos con diversas actividades, en las que muchas veces sorprenden a sus compañeros y logran un gran refuerzo en su autoestima», asegura Susana), pero que el objetivo prioritario es que los alumnos recorran con la mayor eficacia el camino que marcan los programas escolares. Un caso aparte es la enseñanza del gallego, que, explica Susana Fernández, también forma parte de las materias en las que se practica una diferenciación: se va introduciendo poco a poco, con el objetivo de que cuando lleguen al tercer curso de la ESO estén en igualdad con sus compañeros. «Del mismo modo, están exentos del aprendizaje del francés para que podamos emplear el tiempo que hubiesen pasado aprendiendo esa asignatura en prestar más atención a otras», apunta.