Una parte del edificio, levantado en el siglo XIII, abre ahora al público como establecimiento para el turismo rural
| El hoy reeducador de menores curtido en mil batallas de su profesión y de otras cuantas en el mundo rural Santiago Carballido iba de acompañante y el cronista conducía el Renault 5 azul con asientos deportivos y motor cutre. Para tener una referencia cronológica, el ferrolano Franco todavía estaba empezando a enfriarse en el Valle de los Caídos.
El coche dejó la carretera de Ribeira a Pobra, giró a la izquierda (hoy no se puede hacer porque se extiende una raya continua), recorrió con rapidez el túnel de árboles que conduce al edificio y entró a mayor velocidad en el recinto donde se alzaba, y se alza, el impresionante castillo-pazo de Xunqueiras. Allí se detuvo en seco, pisando el freno a fondo, mientras intentaba recordar si llevaba la documentación encima y si estaba en regla.
No era para menos: una pareja de la Guardia Civil con su capote y armamento le dio allí mismo, en el interior, el alto sin más contemplaciones y con cara de pocos amigos. La llegada de dos policías de paisano -de película: uno grande y en apariencia algo tranquilo de más, el otro bajito y con un carácter de mil diablos- convencieron a los inesperados visitantes de que la cosa iba en serio. En aquel castillo del siglo XIII se hospedaba alguien de rango y mando: el entonces ministro de Asuntos Exteriores José Pedro Pérez Llorca.
La cosa, en fin, pudo y hasta debió acabar en el cuartelillo, pero por esas casualidades de la vida, el coche dio media vuelta, dejó el patio -ahora estupendos jardines- atrás y despacito ganó la carretera, donde sus ocupantes olvidaron la forzada sonrisa y se permitieron un suspiro de alivio. Hoy el carné de periodista hace maravillas; entonces dependía de mil y un insospechados factores...
En la actualidad, la propietaria de la torre ha transformado parte de esta en establecimiento de turismo rural. Son solo cuatro habitaciones, una de ellas, en la torre, sencillamente de matrícula de honor, y las otras tres luminosas y de decoración austera. Desde el pasillo interior es posible ver un pequeño patio con jardín.
En la parte central abre sus puertas un restaurante. O mejor dicho, abrirá de nuevo, tras las reformas. Un lugar idílico que permite comer en una fortaleza declarada monumento histórico-artístico de interés nacional en el año 1981. ¿El nombre? Perteneció a la familia Xunqueiras. Mucha historia entre esas paredes.
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