Gracias al interés de la Diputación de A Coruña se mantienen unas torres y la fachada de un palacio que son ahora un mirador sobre el valle del Sar
Aquí, en lo que hoy son los restos del castillo de Altamira, municipio coruñés de Brión, hubo tres batallas. La última tuvo lugar el 13 de junio de 1471, hace 540 años. Y no es necesario ser muy inteligente para prever que va a suceder como el año anterior, y el otro, y el otro...: nadie la conmemorará. Y todavía hay que dar gracias porque el paraje está impoluto, sin aberraciones arquitectónicas ni grandes ni pequeñas.
El castillo es propiedad de la Diputación de A Coruña, y en los años 70 del siglo pasado alguien, sin duda muy bien intencionado, pensó desde el organismo provincial reconstruir todo el conjunto para crear allí una gran biblioteca. Desde luego, idea preciosa, pero que iba a costar tanto como la Cidade da Cultura. Lo que se hizo también en esa década fue limpiar y consolidar muros, paredes y vanos y, aunque los años siguen haciendo mella, continúa siendo un excelente lugar para ir a pasar una tarde, tomando las debidas precauciones a la hora de subir a lo más alto de la torre principal, desde la que se admira el valle de Amahía, ese por el que corre el río Sar antes de rendirse al Ulla ya en tierras de Padrón.
Echando la vista atrás, primero los hombres prehistóricos se asentaron aquí y levantaron las murallas que todavía se aprecian. Después, en el siglo IX, se construyó sobre las ruinas del poblado un castillo del que, si queda algo, estará bajo tierra, pero no a la vista. Más tarde, la media docena de torres que, una mejor y el resto bastante peor, se mantienen en pie. Después ?los tiempos cambiaban? llegó la hora del palacio, que ya muestra influencias ojivales. Y por último, en 1594, el propietario, Lope de Moscoso Osorio, ordenó que se dispusiese de un pequeño templo dedicado a los Reyes Magos (invisible hoy porque fue desmontado en el siglo XIX) convertido en recinto de panteones de figuras destacadas.
A partir de ahí todo fue ir hacia abajo, hasta el punto de que los sillares fueron comprados para usos constructivos diversos, y hasta el Arzobispado trasladó muchos de ellos hasta el centro de Brión con el fin de dar forma al actual templo de Santa Minia.
Lo que nunca se encontró fueron los subterráneos. La fallecida divulgadora María Victoria Fernández España (Totora) aseguró en su Galicia feudal que todavía existían, pero nadie sabe ahora mismo por dónde acceder a ellos. Más real es que la propia Wikipedia recoge una foto del palacio gótico... ¡en su edición inglesa! (la tercera en visitas en Google). Pues igual hay que quitarse los complejos, dar valor a lo que tenemos y preparar la conmemoración de la batalla. Hasta es posible que aparezca algún inglés por aquí.
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