Ir al colegio sin tener que estudiar

Ana R. Crespo SANTIAGO/LA VOZ.

SANTIAGO

La escuela municipal de verano abre sus puertas también en septiembre para que los compostelanos más pequeños se adapten fácilmente al inicio del curso escolar

03 sep 2010 . Actualizado a las 02:00 h.

No sorprende ver que las aulas de un colegio estén llenas de niños. En invierno. La cosa cambia cuando hablamos de los últimos días ociosos que preceden al temido «volver a empezar». Pero la sorpresa viene de la certeza de que al colegio se va a estudiar y que hacerlo en vacaciones es un rollo. Una visión mucho más depurada del papel de la escuela tienen los niños compostelanos que llenan las aulas del Pío XII, el López Ferreiro o el colegio de Fontiñas en estos días. Los pequeños estudiantes saben muy bien lo que se cuece en el colegio cuando los profesores se van de vacaciones.

Para empezar, ellos son sustituidos por monitores de tiempo libre. Y, para seguir, los libros se cambian por plastilina y temperas, y las lecciones por juegos. Un plan mucho más digerible en verano. En horario de 9 a 14 horas, los niños participan en talleres destinados a potenciar su creatividad. Además, aquellas familias que trabajan y no tienen dónde dejarlos, también salen beneficiadas. Por otra parte, este contacto con la escuela y los horarios ayuda a la adaptación en el comienzo del curso escolar: «Es mejor así porque si no el día 10 no habrá quien los levante», explica una de las monitoras del Pío XII. Los niños, por su lado, sin quejas: «Me lo paso bien, mejor que en casa», confiesa Hugo.

La concejala de Educación, Mercedes Rosón, quiso resaltar, en su visita de ayer, los beneficios de la escuela municipal de verano resultantes de la «convivencia» entre niños de diferentes centros. Señala que el hecho de mezclar y conectar diferentes diferentes realidades «enriquece la educación de los niños, haciéndola más plural», aseguró.

Para el final de la convocatoria de este mes, el día 9, se espera que alcanzar la cifra de 6.000 participantes en esta actividad del Concello. Los niños disponen de un carné que muestran al entrar en su centro correspondiente. La persona que va a llevarlos y a recogerlos debe estampar su firma para que el control de la seguridad sea óptimo. Después de un verano de escuela y juegos, los más pequeños de Santiago tendrán guardar la plastilina y desempolvar los libros.