El tráfico y el deterioro de la calzada marcan el final del Camino Francés
SANTIAGO
El tramo final del Camino Francés hasta Santiago está marcado por las malas condiciones de algunas carreteras y el poco atractivo de las pistas por donde comparten recorrido tanto caminantes como vehículos, y que desvirtúan la belleza del paisaje gallego. El monte es sustituido por la cuneta y las fuentes para refrescarse por la máquinas expendedoras.
En el núcleo de Lavacolla, a doce kilómetros de Santiago, los peregrinos apuran los últimos pasos para llegar lo antes posible a su destino. El dolor y el cansancio son aplacados por las ganas de encontrarse en la plaza del Obradoiro y tener por fin ante sus ojos la catedral. Este tramo es bastante fácil, solo tiene un par de cuestas hasta llegar al monte do Gozo y a los caminantes les resulta bastante llevadero.
El trayecto tiene que hacerse por carreteras pequeñas y sin arcén, por las que pasan vehículos a gran velocidad y que no tienen demasiada consideración con los peregrinos, resultando un peligro para todos, sobre todo para los que van en bicicleta, que ven peligrar su estabilidad con la velocidad de los coches. Estas carreteras están en buen estado por lo general, aunque hay algunos tramos, como el de Neiro, en que los grandes baches podrían hacer que a las ampollas del Camino se sumara alguna torcedura de tobillo.
A pesar de esto los caminantes disfrutan de los últimos kilómetros, confluyendo con muchos otros compañeros de viaje, perdidos en etapas anteriores, que se reúnen a las puertas de la ciudad. Todos ellos se sienten felices en este último esfuerzo aunque algo defraudados por el carácter comercial que ha ido cogiendo el Camino de Santiago en los últimos años.
Esto también se refleja en estos doce kilómetros en los que no se puede encontrar una fuente hasta llegar ya a San Lázaro, pero que si está repleto de máquinas expendedoras de bebidas y comida situadas en instalaciones en casas particulares. Además, solo hay un bar hasta llegar a San Marcos, por lo que estas máquinas son una oportunidad de negocio para algunos vecinos, aunque una forma de aprovecharse del sentido del Camino para los peregrinos.
El monte do Gozo es la antesala a Compostela y muchos deciden quedarse a descansar en su albergue para poder disfrutar mejor de la ciudad al día siguiente. Una vez llegados hasta aquí, el resto del trayecto es casi todo cuesta abajo y a la entrada de San Lázaro es necesario atravesar el puente situado encima de la autopista AP-9 cuyas tablas de madera están bastante deterioradas y no inspiran demasiada confianza. Cada paso permite a los viajeros descubrir una parte más de Santiago, hasta llegar a la plaza del Obradoiro y contemplar la catedral, momento en que todo el esfuerzo invertido cobra sentido.