Con la música en vivo a otra parte

Alexandra Moledo

SANTIAGO

Los artistas que actúan en bares de Santiago ven como se limitan los escenarios porque, pese a la buena aceptación del público, no se permiten conciertos en directo

21 mar 2010 . Actualizado a las 02:00 h.

Las actuaciones en directo en los bares de Santiago se han ido reduciendo hasta quedar reservadas casi exclusivamente a las grandes salas y teatros. Esto perjudica a los jóvenes talentos que quieren darse a conocer. y al público que no puede disfrutar de música en vivo mientras se toma una copa.

Todavía quedan algunos espacios donde se celebran pequeños conciertos, la mayoría situados en la zona vieja, como el Garigolo, el Malas Pécoras o el Modus Vivendi. También en el centro está el Ultramarinos, que cada semana programa algún concierto, «siempre de pequeño formato y no con más de tres artistas», como explica Noa Díaz. Hay ofertas para todos los gustos. Los aficionados a la música tradicional tienen una cita todos los miércoles a las 22.30 horas en la Casa das Crechas para asistir a las «foliadas» que vienen celebrándose desde hace 23 años. Quienes prefieran los ritmos del jazz pueden acudir a la Borriquita de Belem, que cada semana ofrece una actuación de este estilo y cada quince días otra de flamenco, según su dueña, Ánxeles González, o a las jam sessions del club Dado- Dadá, el único ubicado en el Ensanche. Otros apoyan la música de autor, como es el caso del Momo, que acoge el recital de Ricardo Parada, los martes a las 22.30 horas; y el Rythm&Blues que hace lo propio los miércoles con Xosé Constenla.

La reducción de la oferta cultural en los bares se debe a una normativa del 2005 de la Dirección Xeral de Interior, que solo permite este tipo de eventos en los locales catalogados como cafés- concierto, aunque otros como los pubs podrán solicitar una licencia de carácter extraordinario. Tal restricción produce quejas de los empresarios. Andrés Villasenín, presidente de la Asociación Cultural Cidade Vella, que agrupa a quince locales del casco histórico, critica que las administraciones pongan trabas en lugar de «estudiar cada caso, xa que non todos reúnen as mesmas condicións e sempre que o espazo se adapte ao tipo de espectáculo non tiña que haber problema». El empresario explica que «ninguén pretende molestar aos veciños, que son tamén clientes». La propietaria del pub A Borriquita de Belem, Ánxeles González, añade en este sentido que «muchos pubs estarían encantados de ofrecer una programación más regular, pues aunque no les reporte beneficio están concienciados de la importancia que tiene para la ciudad», asegura.