El local abrió en 1933 en un edificio con una nueva fachada porticada

La Voz

SANTIAGO CIUDAD

Los propietarios de Malde se enfrascaron ayer en la operación desalojo de la Rúa do Vilar, 21, y de 77 años de historia. La joyería nació en 1898 en A Coruña, fundada por Manuel Malde López, y hoy el brillo de sus piezas irradia en la calle Real. Fue en 1933 cuando su onda expansiva tropezó con el espacioso inmueble de la Rúa do Vilar, 21, al que le dio forma y una peculiar fachada porticada el arquitecto brigantino José Caridad, y en donde Alfredo Malde empezó a arraigar la firma en Compostela.

«Na súa liña, esta obra representa un modelo de intervención arquitectónica culta dentro do recinto histórico-artístico da cidade, en virtude da súa creativa aportación cun dobre contido cultural a corrente racionalista da época vertida no interior do acertado labor historicista na reforma da fachada, labor protagonizado pola actitude ilustrada e vanguardista do autor, fiel ó seu tempo e ó arredor histórico urbano da obra», dicen de la intervención arquitectónica ejecutada en el bajo de Malde los arquitectos Pablo Costa y Julián Morenas en su libro Santiago de Compostela 1850-1950 .

A lo largo de su dilatada trayectoria, Malde recibió numerosos premios, muchos de ellos fraguados en los talleres de este local compostelano, que vio salir hace unos meses de sus entrañas el último trofeo Teresa Herrera. El próximo será diseñado y labrado en las Praterías y Marrozos.

¿Qué surgirá en el espacio de Malde? Al encargado de la joyería, Antonio González, le sobreviene un lúgubre temor: «Una tienda de chinos».