Hoy, antes de irse a trabajar, miles de padres habrán buscado una solución de urgencia para que sus hijos no queden solos en casa después de que Educación suspendiese las clases por el mal tiempo.
En la decisión de la Xunta prima la intención de garantizar la seguridad de los escolares. Esta se ve amenazada por el hielo y la nieve ya que buena parte de los alumnos gallegos recorren a diario muchos kilómetros en algunos de los 2.300 autobuses escolares. Pero cuando el propio servicio de Emerxencias de Galicia indica que en la mitad de los concellos no existe ningún riesgo ni de hielo ni de nieve, suspender las clases en toda la comunidad parece un poco exagerado. Parece que lo lógico y razonable, para garantizar la seguridad de los niños sin generar tal nivel de alarma, habría sido suspender las clases solo donde existía algún tipo de riesgo.