La Medicina tiende a una «desespecialización», en el sentido de que el paciente no será tratado exclusivamente por un especialista, sino por grupos de trabajo de varias disciplinas, que le ofrecerán una asistencia más integral para garantizar una mejor atención a su salud y mayor calidad de vida. Así lo defendió el neurólogo Miguel Blanco, quien consideró «anacrónico» que no existan unidades de ictus y no se implanten los códigos ictus en los hospitales de mayor nivel, como sí hay en Santiago.
«Hay neurólogos que aún no entienden que en el tratamiento del ictus hay que plantearse abrir la arteria del paciente, por eso es difícil implantar los códigos ictus», afirmó. Estos códigos deben atender las peculiaridades de la población a la que se dirigen, pues no es igual organizar la asistencia en una gran ciudad como Madrid donde hay varios hospitales y mayor proximidad a ellos de la población; que en Galicia, donde se da una mayor dispersión y núcleos rurales.
Blanco se centró en las perspectivas que abrió el tratamiento fibrinolítico, aprobado en Europa en el año 2006, para el tratamiento del ictus, y afirmó que en el 2010 se prevé que se incremente su indicación de uso hasta las 4 horas y media, un 50% más que ahora. El reto, insistió, es llegar lo antes posible al hospital. También refirió las perspectivas de nuevos fármacos para proteger el cerebro afectado por un ictus: hay varios que funcionan bien en ratas, pero ninguno es aún eficaz en humanos.