La crisis resta personas interesadas en el programa

La Voz

SANTIAGO

La situación de crisis actual se está dejando sentir especialmente en el caso de las familias acogedoras. Algunas se dieron de baja en el programa ante la imposibilidad de acoger a menores; y, otras que podrían recibir a grupos de hermanos han optado por mantenerse para casos individuales. Por lo que se refiere a los niños, la situación es más o menos igual. En su grupo, los menores del colectivo gitano o inmigrante es menor; siendo superior el de los nacionales.

La entrada en el programa para las familias requiere fundamentalmente tener muy claro que no se trata de un paso previo a la adopción, sino de una acogida temporal. Los padres de acogida nunca «son mamá y papá», apunta Marta Pintos. Los acogedores, individuales o en pareja, tiene que ser capaces de cubrir las necesidades físicas, psicológicas, afectivas y sociales del menor. Y, prácticamente todas las que se acercan a la Cruz Roja de Santiago, cumplen con ellas.

La acogida puede ser de dos tipos; es decir, aquella que a priori se conoce el tiempo y no excede de un año; y la calificada como permanente, cuando no se conoce el plazo. En cualquier caso, el menor permanece en la familia de acogida hasta alcanzar la mayoría de edad (18 años) o cuando sus padres superan la situación que les llevó a dejar a sus hijos en acogida. Para que un menor pueda entrar en este programa, los padres biológicos tienen que autorizarlo; aunque, en algunos casos, los servicios sociales solicitan el permiso al juez.