«La ciudad ha mejorado mucho en todo, pero la que viví en mi juventud era muy entrañable»

Concha Pino

SANTIAGO

Catedrático de Anatomía como lo fue su padre, dice que está en la Facultad «por vocación y porque la quiero mucho»

05 sep 2009 . Actualizado a las 02:00 h.

Es el segundo de diez hermanos de la saga Echeverri y siguió la senda paterna en la docencia de la Medicina en la histórica Facultad compostelana, en la que es catedrático de Anatomía. Javier Jorge Barreiro, compostelano de hondas raíces, casado con una compostelana de la que fue compañero de carrera y con la que tuvo seis hijos, asegura que siempre vivió su Facultad «con un sentido muy institucional, y puede que haya quien la utilice para crecer, pero yo estoy en ella por vocación y porque la quiero mucho».

Su padre, Ángel Jorge Echeverri, era rector en el 68, cuando el movimiento estudiantil de la Universidad de Santiago se adelanta en dos meses a las famosas movilizaciones del mayo francés y hace saltar por los aires las convenciones. Y Javier Jorge Barreiro aún era alumno. Se licenció en el 69, «por lo que soy de la promoción erótica, como nos decían por la coincidencia de los dígitos».

Asegura que el hecho de ser estudiante siendo su padre profesor en su centro, aunque nunca le dio clase, y además el rector, «tuvo aspectos muy agradables y otros muy desagradables, una vivencia contradictoria, pero mi padre era una persona excepcional y la relación que tuve con él fue muy buena para mi en todos los aspectos, aunque como es normal a esas edades, siempre hay cosas positivas y negativas».

En este punto señala que tuvo «una ventaja muy grande respecto a mi generación, porque desde los 14 años salí por Europa, viví dos meses en Estrasburgo, viví en París... Viajaba cada verano para asistir a cursos, y veías el mundo de forma diferente a como se veía aquí, era una ventaja muy grande y me moderó mucho conocer otras cosas y saber cómo eran». Recuerda que cuando era adolescente muchos de sus amigos estaban en el Frente de Juventudes «algo que mi padre nos tenía totalmente prohibido, pero algunos de los que iban, gente con mentalidad totalitaria y fascista, fueron los más revolucionarios y hoy presumen de libertarios».

De su etapa infantil dice que fue un tiempo muy feliz, «un tiempo en el que jugábamos al fútbol en A Senra a ciertas horas, y me acuerdo que lo que más me impactó en un viaje que hice a Madrid con mi padre fue que allí los coches pasaban de manera constante por las calles». Mirando hacia atrás dice que la ciudad mejoró mucho en todos los aspectos, «pero el Santiago de mi juventud era muy entrañable».

Entre el mar y la medicina

El ambiente familiar decantó su dedicación a la medicina. Su progenitor tuvo cierta habilidad en recomendarle que empezara los estudios de galeno, y que si no le gustaban que los dejara para estudiar Marina Civil, que era lo que él pretendía hacer «porque era un gran apasionado por el mar, y la Marina no me gustaba, ni había antecedentes militares en la familia. Pero la medicina me enganchó». Y tomó el mismo camino de su padre como profesor de Anatomía. Lo que no hizo fue decantarse por la traumatología. El doctor Echeverri tenía abierta en Santiago una clínica «que era referente no solo para toda Galicia, sino para Portugal y parte de España, porque mi padre tenía una mente innovadora, porque en aquellos años ya tenía un banco de huesos en la clínica, liofilizaba huesos de animales y también hizo las primeras prótesis que hubo en Galicia con materiales acrílicos».

Eligió fotografiarse al pie del busto de Alejandro Rodríguez Cadarso, que está en un lateral de la gran escalera de mármol de Medicina por una decisión suya cuando era decano, «porque es el creador de la escuela anatómica compostelana y le tenemos un gran aprecio, y aunque no lo conocí, supe de él por mi padre y por sus hijos, y creo que fue una persona excepcional en la Universidad gallega y en la Facultad de Medicina». La escalinata la preside el busto de Novoa Santos, coetáneo y gran amigo de Cadarso. Está vacío el otro lateral, y a la pregunta de a quién colocaría él allí, el profesor Jorge Barreiro dice con toda rotundidad que no cree que se deba ocupar ese hueco porque sí, «y en cualquier caso tiene que ser una persona indiscutible para todos como lo son Novoa Santos y Cadarso. Así es como se han hecho siempre las cosas en este centro».

Da pie a recordarle que Medicina funciona como un bloque monolítico, y lo explica diciendo que este centro «nunca le dio problemas a la Universidad, sino al contrario, porque le ha aportado dinero, prestigio... Y nunca se le ha valorado, creo que pocas veces ha sido tratada como se merece como institución. Nunca va contra nadie, porque es una facultad agresiva, sino muy profesional, como tiene que ser, pero hubo un momento en el que fue agredida duramente». Que vuelva a plantearse la creación de otra Facultad de Medicina en Galicia lo rebate indicando que es falsa la premisa de que hacen falta más médicos: «No es cierto, lo que pasa es que se marchan de Galicia para formarse, porque hay lagunas en algunas especialidades médicas, y el 20% de los mejores expedientes de van. Hay gente, pero no hay plazas y están mal distribuidas».