Salvo excepciones, los locales cumplen con sus horarios, generando un flujo de miles de personas de madrugada que suele ir desde el casco histórico al Ensanche
Música, alcohol y sobre todo, movimiento, paseos y caminatas. Estos son los tres ingredientes que nunca faltan en las noches de fiesta en Compostela, que se caracterizan por la necesidad de circular entre las distintas zonas de la ciudad a medida que la noche avanza.
El bullicio y la fiesta comienzan en torno a las 11 de la noche. Las cañas y los vinos son los protagonistas de estas primeras horas en las que la muchedumbre se dirige principalmente hacia la zona vieja. Así, los locales que no tienen una música ensordecedora, en los que la gente se puede sentar y hablar tranquilamente se convierten en el punto de partida para una larga noche.
Sin embargo, los jóvenes partidarios del botellón tienen su propio escenario para el inicio de la fiesta. Las botellas, los hielos y los vasos de plástico han abandonado la Alameda para dirigirse al Campus Sur, donde el campamento se puede establecer en diversos lugares. Los soportales de algunas facultades y otros centros universitarios son ideales para los días de lluvia, mientras que la zona que rodea a las residencias de Fonseca o San Clemente es la elegida en los días de cielos despejados. Esta estampa también tiene su propia banda sonora y es que los jóvenes no dudan en llevarse el coche, abrir las puertas y poner la radio a todo volumen.
Las horas pasan y el botellón se acaba, pero hasta las cuatro de la mañana la zona vieja sigue siendo la reina de la noche. Esto no supone que durante este tiempo la gente se quede quieta en un lugar concreto, ni que cambie de lugar arbitrariamente. A medida que pasan los minutos, la fiesta se concentra en la Plaza de Cervantes y sus alrededores, en los que la gente se aglutina cada vez más.
Sobre las cuatro de la madrugada el casco histórico echa el cierre. El toque de queda está establecido por las licencias de los bares, que ya no pueden mantener por más tiempo las puertas abiertas. Así, un poco antes de que la marcha sea inevitable, comienza el goteo de personas que emigra desde Cervantes hasta el Ensanche.
Tanto los previsores que abandonan el casco viejo antes de tiempo, como los que esperan a que los dueños del bar apaguen la música, emprenden su camino hacia la zona nueva. Las risas y los gritos son frecuentes en estos viajes, pero también lo son las canciones. Así, algunos clásicos de la cultura gallega y otros de la noche moderna, como el ya conocido «¡alcohol, alcohol, alcohol! Hemos venido a emborracharnos, el resultado nos da igual» son inevitables compañeros de viaje.
Entre carcajadas y cánticos, los jóvenes recorren la Rúa das Orfas, pasan la Plaza de Galicia y llegan al Ensanche, que queda totalmente inundado de gente. Es la hora de los locales de calles como Doutor Teixeiro, Alfredo Brañas o República Arxentina.
En cuestión de media hora estos pubs pasan de estar sin un alma a un lleno completo. Es el momento de aprovechar porque a las 6 de la madrugada como mucho ellos también tendrán que cerrar. Es la hora de volver a casa y descansar un poco, pues la próxima noche será, como siempre, muy movida.
En breve los contactos recibirán en su correo electrónico un enlace a la noticia
Gracias por usar nuestros servicios
Revise sus datos y vuelva a intentarlo
Si se vuelve a producir un error, es posible que el servicio está momentáneamente no disponible. Inténtelo más tarde.
Disculpe las molestias. Gracias por usar nuestros servicios