Una vecina de A Rocha se topó con ella y la policía le pidió que se hiciera cargo
Hacer de buen samaritano fuera de Samaria a veces no es un buen negocio. Y sino que se lo pregunten a la buena de Victoria Puga. El domingo, como todos los domingos, ella y su marido sacaron a pasear el perro por A Rocha. Al poco se tropezaron de frente con una burra que merodeaba suelta por el puente de Rial, sobre el trazado de la autopista, en el ramal que conduce a Cruxeira. Un camino que, por cierto, fue clausurado no hace mucho por el Concello, una medida que a Victoria le hace aún crujir los dientes.
El desamparo del animal, y su vejez manifiesta, no pasaron desapercibidos para los caminantes, que no dieron un paso más sin poner a buen recaudo a la burra. Llamaron al 091 y una voz les remitió al 092. Una patrulla de la policía local se presentó en Poza Real. Uno de los agentes, tras efectuar algunas llamadas, llegó a la conclusión de que, en una jornada dominical, nadie iría a buscar a la equina.
La policía le pidió entonces a la pareja que, ya que vivía muy cerca de allí, fuese a buscar una cuerda para atar a la borrica. Más de un residente se debió quedar sorprendido de ver a sus convecinos retornar con la burra, tras haber salido con el perro. ¿Dónde tenían al bicho si no les dio tiempo a ir a la Pascua a adquirirlo? ¿Y para que quieren esos señores, sesentones, una burra anciana por mucho que digan que los animales se parecen a sus dueños? Rarezas de la vida.
Lo único que hicieron la señora Puga y su marido fue buscarle un acomodo al animal hasta encontrarle una solución. Y ningún sitio mejor que el alpendre de la casa para cobijar a la burra, con un remolque de tractor como compañero. Allí ha estado recibiendo desde el domingo unas buenas raciones de comida y un cuidado que seguramente no le dieron sus dueños.
Pero a sus anfitriones se les encendió la luz de alarma. La policía municipal les había asegurado que anteayer vendrían a buscar a la jumenta. Nada de nada. Ayer tampoco pasó nadie por Rial y Victoria se tira de los pelos. Se siente engañada. Ella y su esposo habían recogido al animal «con la mejor intención del mundo» porque se hallaba abandonado y podía saltar por la alambrada rota desde el puente a la autopista para mortal sorpresa de algún conductor y del propio animal. «Si sé que va a pasar esto, no la recojo», lamenta Victoria. Y advierte: «Como no me busquen una solución, suelto a la burra en la carretera, aunque me lleven presa».
A propósito, ¿qué hace rota una alambrada separativa de la autopista? Eso mismo se pregunta Victoria, quien pide a las autoridades municipales que le aprieten las clavijas a los titulares de la AP-9 por ese abandono y por la deficiente señalización de la dirección a Pontevedra, que provoca «muchos cacharrazos».
Salvado el inciso, Victoria insiste en que le han dejado en la estacada con la burra, a la que probablemente abandonó un desaprensivo propietario tras concurrir a la feria de Pascua. Y es que alguien vio a un remolque horas antes por la zona. «Tengo 64 años, estoy operada de la rodilla y prácticamente estoy sola», clama la samaritana de Conxo, a estas alturas más que arrepentida de haberse metido en el berenjenal: «Ojalá que la viejiña (la burra) no me coja cariño, que yo no se lo voy a coger».
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