Un 20% de los que sufren esta disfunción neurológica son menores de 55 años
Seis personas ingresaron en el Clínico con un ictus entre el sábado y domingo; y otros fines de semana de invierno se ha superado esa cifra, indica el neurólogo Miguel Blanco, quien ayer intervino en el tercer ciclo de conferencias Salud con Salud, organizado por la Fundación para la Investigación en Enfermedades del Aparato Digestivo y la Fundación Araguaney-Puente de Culturas. Le presentó el digestivista Manuel Barreiro.
Blanco afirma que, según un reciente estudio de la Sociedad Española de Neurología, solo un 20% de la población sabe lo que es un ictus -conocido también por otros nombres, como trombosis, hemorragia cerebral o infarto cerebral- y conoce sus síntomas de alarma.
«Se trata -explica- de una disfunción neurológica brusca originada por una alteración de la circulación sanguínea, bien porque se obstruye un vaso o porque se rompe. Su importancia es muy alta, porque en Galicia supone la primera causa de mortalidad en las mujeres; y la segunda en los varones después del infarto agudo de miocardio; y la principal causa de discapacidad».
Muchas personas que se mueven en silla de ruedas, que tienen dificultad para caminar o para comunicarse han sido afectadas por este problema.
Sus dos causas principales son la arterioesclerosis, que se puede prevenir si se evita el consumo de tabaco, el colesterol, el abuso del azúcar o la vida sedentaria; y la fibrilación auricular, una arritmia que aparece en personas mayores y que detectada a tiempo puede también tratarse. La arritmia es la causa más frecuente de los ictus que se tratan en Santiago. Otro factor del riesgo es la edad, que no se puede modificar, porque cada vez hay más personas mayores.
En el complejo hospitalario compostelano se tratan unos 550 ictus al año. La mayoría de los afectados superan los 70 años, aunque un 20% de los pacientes son menores de 55. «En los más jóvenes una de las principales causas de ictus es el consumo de drogas, y tienen más complicaciones y riesgo de fallecer, aunque si lo superan a largo plazo evolucionan mejor», sostiene Blanco. La mayor preocupación, según este neurólogo, son los casos que no llegan en las tres primeras horas al hospital «que son sobre uno de cada cinco afectados, y eso impide poder administrarles el tratamiento más eficaz. Llegan tarde por desconocimiento: esperan en casa, van al médico de cabecera, cuando deberían ir a urgencias rápidamente».
Un 60% se recuperan
De los ictus tratados en el Clínico, un 60% se recuperan, quedan independientes a los 3 meses, y pueden retomar su vida sin necesidad de ayuda. El 40% dependen de otras personas, y de estos entorno a un 25% son grandes dependientes y necesitan supervisión al no poder valerse.
El mayor problema es en quienes quedan grandes dependientes, en cama o en silla de ruedas, pues esa situación repercute en sus familiares. «Se necesita más apoyo de rehabilitación o terapeutas ocupaciones; lo que viene después del ictus es muy mejorable», indica Miguel Blanco.
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