Las obras en la Facultad de Biología han taponado completamente la entrada a las instalaciones de Matemáticas, contiguas. Los estudiantes tienen que rodear todo el edificio de granito rosa y entrar por la puerta de atrás. Ayer, las miradas novatas escudriñaban la puerta tras las verjas de obra, antes de encaminarse a la entrada trasera. Al nuevo plan de estudios le pasó lo mismo: no hubo autoridades cortando cintas; no hubo discursos afectados ni aplausos ni vítores; no hubo más nervios que los habituales ni redobles de tambores. Ayer, la Universidade de Santiago de Compostela dio uno de los saltos más grandes de sus 500 años de historia. Y no hubo más que clase.
Los alumnos de Políticas y Matemáticas empezaron el curso antes que nadie. Sus compañeros no entrarán en las aulas hasta la próxima semana. Son los protagonistas de una obra de teatro que aún no tiene espectadores, porque la USC aún no ha recobrado todo su ritmo.
A la celebración silenciosa se sumaron los propios estudiantes. Son los únicos que no pueden comparar, así que para ellos, al menos según contaron ayer, no supone nada del otro mundo empezar un plan renovado. Los profesores sí tienen que diseñar nuevas programaciones e implantar nuevos métodos de docencia. Incluso la organización de la facultad cambia. Pero los estudiantes son tan novatos con un plan renovado como lo serían con uno de los viejos.
Por esa razón, no sorprende que los universitarios consultados aseguraran que no eligieron su nueva carrera, ya política ya matemática, gracias a que los vaya a convertir en graduados y no en licenciados. Alguno sí se muestra algo más reticente: «Somos los conejillos de Indias», se resignaba una.
Pero de lo que ayer no había señal por ninguna parte era de las movilizaciones que paralizaron la Facultad de Políticas en diciembre del año pasado. La contestación estudiantil ayer fue nula. Ahora habrá que esperar a ver qué pasa cuando sus compañeros veteranos retornen a las clases.