«Desde los años 80 hasta ahora la farmacia evolucionó mucho»

Paula S. Fontáns

SANTIAGO

La farmacia Gómez-Ulla representa la historia de una familia que lleva casi un siglo de una tradición que ahora debe seguir la cuarta generación

24 ago 2008 . Actualizado a las 02:00 h.

La farmacia y el apellido Gómez-Ulla son todo uno. En el año 1910 el primer Alejandro Gómez-Ulla adquirió el negocio que iniciaría una tradición familiar que pronto cumplirá 100.

«Cuando mi abuelo se murió se quedó mi padre con la farmacia, compensando a sus hermanos, claro. Lo mismo ocurrió cuando murió mi padre y lo mismo pasará cuando me muera yo», explica Alejandro padre señalando hacia su hijo, que está sentado a su lado y será el que permita que la tradición no se rompa.

Alejandro era profesor de la Facultad de Farmacia en la Universidad de Santiago, pero cuando murió su padre decidió compaginar la docencia con la farmacia «porque no era cuestión de dejar perder una farmacia tan buena, y entonces lo simultaneé. Además estaba la cuestión sentimental de que quedase en la familia». Después se fue incorporando cada vez más en la gestión del negocio, que es lo que más le gusta. «La farmacia tiene muchas más cosas que la atención al público. Esa es una parte fundamental, no cabe duda, pero a mí me gusta más la gestión propiamente dicha», confiesa. Y explica que gestionar una farmacia consiste en «organizar las compras, no las ventas, que eso lo hace la gente que está en el mostrador, pero según lo que tu vendes así debes comprar, sobre todo aquellas cosas que te dejan más margen o los productos con los que estás más contento, llevar la cuestión laboral, es decir, todo lo que no sea estar de cara al público».

Desde que él empezó hasta ahora la farmacia cambió «muy positivamente». «Desde los años 80 hasta ahora la Farmacia en España evolucionó mucho, para bien», explica. Este cambió se debió a que «evolucionaron las tecnologías, la iluminación, el servicio al público y también los propios muebles, que antes eran hileras de estantes en donde ponías medicamentos y se llenaban de polvo y ahora van todos en muebles cerrados». Su condición de profesor se percibe en su manera de hablar y en su amplio conocimiento de la historia de la farmacia.

Su hijo Alejandro, sentado a su lado derecho, lo mira con admiración y escucha atentamente. Él empezó en la farmacia porque estuvo en ella desde siempre y le gustaba. «Ya desde pequeño fue lo que había en casa con mamá y con papá», indica. Y añade que «al terminar los estudios me fui a Oviedo a trabajar y después me volví para aquí». Al igual que a su padre él también prefiere la gestión. Para él, el futuro no será fácil. «De momento no es deficitario, pero en absoluto le veo un futuro boyante para todos los farmacéuticos como actualmente se cree la sociedad, que inmediatamente asocia farmacéutico con multimillonario, y no es así ni mucho menos».

Con él la saga familiar tiene cubierta otra generación dedicada a la farmacia.