La capital recibe en 14 días más lluvias de las que suelen caer en todo un mes de enero normal

M. Cheda

SANTIAGO

Con temperaturas máximas un 18% más bajas y mínimas hasta un 37% inferiores, con rachas de viento un 64% más veloces y con un 19% menos de horas de sol. Y con casi el quíntuple de precipitaciones. Así ha comenzado, respecto al 2007, este 2008 en Santiago, como puede comprobarse en la tabla estadística reproducida sobre estas líneas. Y así va a continuar de momento. Pues la ciudad amanecerá hoy encapotada, entre aires fuertes del sudoeste y bajo un manto de agua «moderado e puntualmente forte», a tenor del pronóstico emitido anoche por los expertos al servicio de la Administración autonómica. De hecho, Protección Civil ha declarado el nivel de alerta naranja, que media entre el amarillo y el rojo, el más extremo.

Desde las 12 campanadas hasta las 20.30 horas de ayer, sobre Compostela cayeron 185,2 litros por metro cuadrado de territorio. Suponen 146,5 más que los contabilizados en iguales fechas del ejercicio anterior, según datos recabados en la estación que MeteoGalicia posee en Monte da Condesa (campus sur). Y 63,7 más que los registrados a lo largo del otoño, entre los días 21 de septiembre y de diciembre.

Las comparaciones no solo asombran cuando se establecen con el pasado cercano, sino también a largo plazo. Porque la cantidad de lluvia recogida en apenas 14 jornadas de mes ya supera el volumen que se considera normal para un enero completo en Santiago. Este último se sitúa entre 182 y 238 litros, de acuerdo con cálculos elaborados por la Consellería de Medio Ambiente a partir de los informes correspondientes al cuarto de siglo 1982-2006.

Los archivos del departamento dirigido por Manuel Vázquez (PSOE) también indican que, habitualmente, en este mes los días secos superan de forma leve a los húmedos, con una distribución de 16 contra 15. Sin embargo, en el curso presente, cuando el ecuador del período todavía no ha sido rebasado, ya suman 13 las jornadas con precipitaciones y una sola la que ha ofrecido tregua al paraguas.

Dichos números, al menos en apariencia, para nada avalan la tesis de algunos responsables del Gobierno gallego que, en recientes declaraciones, calificaron de convencional y poco extraño el régimen pluviométrico que está viviendo la capital en los albores del 2008.