Los peces no tienen memoria

Marga Rosende Rego

A CORUÑA CIUDAD

Los peces no tienen memoria, solo se balancean suavemente entre las corrientes, burbujeando por el camino que más les gusta y conviene; aletean despacio pero insistentemente cuando quieren hacerse notar, buscando compañía con la que surcar bolsas de agua y arena; no les gusta nadar solos pero tampoco le dan demasiada importancia al compañero de viaje; es lo que tiene carecer de memoria o eso dicen por ahí los que los han estudiado y examinado minuciosamente.

Los peces son capaces de resistir y anclarse en una ruta permanente y pasar su extraña vida al lado de otro pez que ni les va ni les viene; al principio el aleteo es alegre y hacen globitos de satisfacción, pero a veces con el tiempo vuelven la cabeza hacia el otro pez y lo único que notan es que sus branquias se llenan de angustia y tristeza, y se dedican a hacer otros globitos y más globitos, llenos de resignación y aburrimiento?

Y siguen aleteando, en paralelo y erráticamente, sin acordarse de nada, olvidando con rapidez promesas y compromisos.

Algunos peces se asocian con otros, hacen grupito y van a comer plancton todos juntos los fines de semana; parecen hasta una legión de peces amigos, dispuestos a protegerse en lo bueno y en lo malo, pero el que ve la red primero se suele olvidar de avisar al resto, y como no tiene memoria, al día siguiente no se acordará de lo necio que fue, y solo tendrá que aletear un poco para asociarse de nuevo con otros peces, eso sí, con cuidado, que a nadie le gusta pasar de ser pez a ser pescado...

Y lo peor de su falta de memoria es que son capaces de devorar al pez que nada cerca, sea el que sea, lo acabe de conocer o lo suyo venga de lejos, no importa si han compartido alegres momentos, jornadas de duro trabajo, o tardes inolvidables; da igual que lo haya tratado mal, bien o con excelencia, porque amparándose en la cobardía de la oscuridad, con nocturnidad y alevosía, el pez grande siempre se acaba comiendo al chico, es ley de vida.

Y de todo ello, al segundo siguiente de engullirlo, no se acordará.

Sí, sin duda se parecen a los humanos, pero no lo son. Incluso hay humanos que desearían ser peces, solo a veces, claro; es lo que tiene ser un humano, que puedes tener memoria a tiempo completo, o a tiempo parcial, es decir, selectiva, pero memoria al fin y al cabo.

42 años.

Abogada.

A Coruña

Marga

Rosende Rego

Ramón, ya has vuelto a dejar tirado el calzoncillo y la ducha llena de pelos!

-Gritó desde el baño.

-Lo siento, cariño. Cuando acabe de desayunar lo recojo todo -contestó desde la cocina.

-Tienes que ser más cuidadoso, Ramón -le regañó, asomando la cabeza por la puerta- y te he dicho mil veces que no me gusta que me llames cariño.

-Sí Bea, perdona- le respondió levantándose apurado de la mesa.

Bea se autodefine como una mujer de fuerte carácter, impulsiva y segura de sí misma. Presume de ser una Aries auténtica, nacida para mandar. Opina que tiene paciencia y sutileza para manejar la mano izquierda, pero firmeza y temperamento para manejar la derecha, pero realmente no puede ir más allá de lo que consigue realizar con el dinero y desconoce que su visión del mundo es limitada y centrada en este punto. Funciona dentro de los límites de lo que se puede comprar o de la posición social que se puede ocupar. Aunque, paradójicamente, se jacta de que el dinero para ella no es un fin, sino un medio para alcanzar la seguridad y el bienestar. A pesar del carácter de su marido, despistado y tímido de solemnidad, ella no concibe la vida sin él, no por ser un trabajador incansable, buen padre y fiel marido, sino por la inocencia de su corazón. Ramón cree que vivir al lado de una gran mujer no engrandece, como sería de esperar, sino que te va empequeñeciendo hasta anularte todo lo bueno y positivo que podría haber en ti. Ha pensado infinidad de veces en el divorcio, pero quizá por la edad, puede que los hijos, tal vez por comodidad o miedo, no se atreve a dar ese paso. No es feliz. La rutina y el sinsentido de su vida le oprimen a diario, pero le falta valor para cambiarlo. Hoy lo ingresaron. La cosa no tiene buena pinta. Cáncer galopante, oyó que decía el médico. Postrado en la cama no se preocupa por eso, piensa en el mar, la amistad, añora ese viaje aplazado tantas veces? No la culpa. Simplemente llora recordando las oportunidades perdidas.