Pleito en Fisterra por un coche que lleva más de dos años abandonado al borde de una carretera

FISTERRA

Fisterra está abarrotada estos días. De peregrinos y turistas. Algunos se preguntan dónde está la crisis. Los visitantes inundan el pueblo y, sobre todo, el Cabo, ansiosos de conocer un lugar que tiene la calificación de municipio turístico y, sobre todo, que es uno de los únicos cuatro puntos de España calificados como patrimonio europeo.

Por todo esto, y porque los tiempos no son los que eran, más de un turista, y de dos, se sorprenden al comprobar estupefactos como en una de sus calles centrales, esa que muchos suben para girar después al faro, o que bajan para pasear por el puerto, yace un Citroën BX del 87 criando un curioso ecosistema de hierbajos en su exterior. Sorpresa para ellos, e indignación para algún vecino que se enfrenta con ese cuadro a diario desde hace más de dos años. No está clara la fecha del comienzo de la exposición pública, pero desde el Concello señalan que fue marzo del 2007. Justamente cuando el vehículo cumplía dos décadas de vida.

¿Y cómo ha llegado el coche hasta allí? La explicación es enrevesada. El BX se asienta sobre una calle que en tiempos fue finca rústica y que en el 87, el año del auto, comenzó a tener vida urbanística. Cambió su clasificación, ya es rúa como tal desde el 93, hubo cesiones y obras, y aquello mutó. Pero el dueño de una de las parcelas afectadas, que al parecer no quiso participar en esos cambios, dijo que aquel terreno es suyo y que, por lo tanto, allí dejaba su coche, y aquí paz y después juicios. Los hubo, claro. Cuenta el alcalde que el Concello los ha ganado todos, pero la cola de recursos aún no ha terminado. Uno de ellos fue contra él mismo por supuesta prevaricación al tratar de retirar el coche de la vía, que quedó en nada.

Y ahora, Traba espera que acabe todo para llamar a la grúa y sacar de allí el automóvil, algo que parece sencillo, pero en Fisterra no lo es. Considera que ya va a ser el propio juzgado el encargado de ordenarlo. No obstante, hay cosas que siguen un ritmo muy lento. A lo mejor, cuando llegue la orden, ya es preciso hasta permiso de Patrimonio.

Lo que no pasaría de un caso más de feísmo, que las ordenanzas municipales están ayudando a erradicar so pena de cuantiosas multas a los propietarios, en el caso de Fisterra concurre la agravante del empecinamiento entre dueños, vecinos y Concello. Lo que empieza como una discrepancia benigna sobre la titularidad de un solar acaba enquistándose con discusiones y hasta en los tribunales. Ya hubo en tiempos un ansia litigante que parecía haberse acabado con los años, por el cansancio de los protagonistas y por los gastos ocasionados, que se lo digan a algún ex alcalde. Pero aún quedan rescoldos sobre ruedas.