Los comensales agotaron mil raciones en media hora
05 dic 2011 . Actualizado a las 06:00 h.La niebla apenas dejaba ver la calzada y la llovizna invitaba a ponerse a cubierto. Había que ser muy valiente para superar la mundanal pereza y cambiar una espléndida mañana de manta y sofá por otro plan cualquiera. Pese a ello, Forcarei se llenó ayer de gente. Celebraba la Festa da Richada y la tentación gastronómica pudo más que la de quedarse en bata viendo llover fuera.
Quienes alcanzaron la carpa instalada en la Praza da Igrexa lo hicieron dipuestos a cobrarse su premio. El Concello repartía raciones gratuitas de richada y no era cuestión de perder el tiempo. Cualquier lugareño sabe que contra el frío que se mete en el cuerpo la mejor receta es un buen plato de richada caliente.
Cuenta la leyenda que la receta fue inventada ex profeso para los arrieros. Venían a caballo desde el Ribeiro transportando vino hacia Santiago de Compostela. Bajo los odres de vino llevaban sus provisiones de carne. Así la protegían del sol directo. En Forcarei, los cocineros locales aprendieron a sacarle partido a esa carne viajera con una receta que la convertía en un manjar más que tierno.
La tradición fue seguida ayer por el cocinero Pepe Cortizo, que lleva cinco años al frente de los fogones del certamen gastronómico de Forcarei. Dice Pepe Cortizo que la richada «non ten ningún secreto». «Hai que botar a carne na sartén con aceite e cebola, sal, viño blanco e pimentón dulce e picante», explica. Sin embargo, cuando matiza sus palabras, se entiende que no es tan fácil como parece. «A carne mellor que sexa da espalda de diante da ternera, o pimentón hai que botalo no seu punto para que non se queime e a richada hai que deixala reposar un pouco para que sepa ben», aconseja.
La richada de Pepe Cortizo volvió a triunfar ayer. En poco más de media hora se repartieron un millar de cazuelas y se agotaron las existencias. La organización había decidido poner raciones más pequeñas que otros años para que los visitantes reservasen algo de apetito para la carta de los restaurantes. La avalancha de visitantes convirtió la cita popular en una fiesta relámpago. A las 13.30 horas comenzaron las colas y hora y media después se desmontaban mesas y palcos. Los restaurantes locales acogieron a los comensales insatisfechos. Lo bueno, si breve, dos veces bueno.