Estrellas y galaxias se tocan con la mano en Carballedo

Marcos Gago Otero
marcos gago COTOBADE / LA VOZ

PONTEVEDRA

Las jornadas de observación permiten ver objetos a 12 millones de años luz

02 oct 2011 . Actualizado a las 06:00 h.

Al frente de la gestión del observatorio, Ángel Valverde Pampillón y Mariano Gil Sanz, de Sirio, son capaces de transmitir su pasión por la astronomía a las personas que se acercan por primera vez a la instalación de Cotobade. Para una persona con escasos conocimientos sobre el universo, la primera visita al observatorio es como una revelación. A lo largo de una hora y media, Gil, al mando del programa informático, y Valverde, más enfrascado en el telescopio en sí, localizan para los visitantes una larga lista de objetos celestes y en la marcha de esta procesión nocturna se van sucediendo constelaciones y cúmulos de estrellas, galaxias y planetas.

Si los galos de Astérix temían que el cielo se les viniese encima, a los directivos de la asociación Sirio no parece preocuparles lo más mínimo ni el frío de la noche, que entra por la cúpula abierta; ni los cuarenta minutos desde Pontevedra; ni las preguntas que los asombrados visitantes realizan una y otra vez. Y ciertamente todas las incomodidades aparentes se desvanecen ante el asombro de poder observar, con nuestros propios ojos, algunas de las maravillas del universo. Aquí se tiene la ocasión de poder poner literalmente el ojo en el telescopio. Es un privilegio que incrementa la «magia» de la observación, como recalca Valverde.

Júpiter

El telescopio de Cotobade se manipula a través de un ordenador que, dotado de un programa especial, localiza la posición de los distintos astros y hace que las lentes enfoquen hacia el punto celeste en cuestión. Valverde señala con un puntero láser desde la cúpula el lugar hacia donde está dirigido el telescopio.

De esta forma se puede ver una de las joyas de la corona de este viaje cósmico: Júpiter. Es un punto luminoso en el cielo nocturno de septiembre y que solo los ojos adiestrados pueden acertar a decir qué es. Pero a través de las lentes se muestra con todo su esplendor, con sus cuatro lunas alrededor.

Cifras que marean

El otro planeta que se dejó ver a principios de la penúltima semana de septiembre, Urano, era mucho menos espectacular.

El observatorio de Cotobade tiene un alcance hacia el universo con unos valores que quitan el hipo. En una noche se enseñan a los visitantes las galaxias M-81 y M-82, a doce millones de años luz desde la Tierra. Están tan lejos que una parece una pequeña mota de polvo en el telescopio, mientras que la otra es una línea en el horizonte al estar esta galaxia de perfil frente a la Tierra. El pasado violento del universo también se refleja, por ejemplo, en la M-57, una nebulosa que se corresponde al resto de la muerte de una estrella hace ocho mil años.

Una de las cosas que sorprende en una primera visita son los colores de los objetos situados a tanta distancia de nuestro planeta. La Superba, una estrella situada a 711 años luz dentro de nuestra galaxia, es de un rojo nítido inconfundible.