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Calor y fervor en el recorrido de la carroza y la ofrenda floral a la Virgen
PONTEVEDRA
A pesar del tórrido calor que invitaba a acudir a las playas, miles de pontevedreses salieron a la calle para participar de lleno en la apertura oficial de las fiestas, que marca la lectura del pregón y la ofrenda popular a la Virgen, muchos de ellos, especialmente niños, ataviados con los trajes tradicionales.
Tras la lectura del pregón, sobre las 12,50 horas, se inició el traslado de la carroza de la Virgen desde la praza de A Pedreira hasta el Santuario. Cinco niñas y un niño, vestido de ángel, elegidos en un polémico sorteo, iban en el carruaje dorado, escoltado por otros diez pequeños vestidos de peregrinos y ayudados por varios adultos.
Muchos pontevedreses se sumaron al desfile, portando flores para la protectora de la ciudad y patrona de la provincia, en medio de la música de distintos grupos y de la Banda de Música de Pontevedra, que cerraba la comitiva.
Cuando la cabeza llegó a la Peregrina, comenzaron a repicar las campanas, que no pararon hasta la llegada de las autoridades al interior del templo, sobre las 13.20 horas.
La encargada de hacer la invocación a la Virgen, en nombre de la Cofradía Nuestra Señora del Refugio la Virgen Peregrina, fue Mª Jesús Goldar Pérez. Solicitó su protección para los más desfavorecidos, para nuestros mayores y los niños, sobre todo los que sufren malos tratos. También invocó a la «Raíña da Paz», para que se acaben las guerras y el terrorismo.
Tras la finalización del acto en el interior del templo, se procedió a la suelta de unas palomas desde el mismo atrio, mientras sonaban unas tracas en los jardines de Casto Sampedro.
Diversos grupos que participaron en el desfile hicieron luego exhibiciones folclóricas en distintas plazas del centro histórico, al igual que la charanga Apeles.
En esta primera jornada, antesala de la semana grande de las fiestas, se procedió también a inaugurar la Feira do Mel, instalada en la calle Sierra, delante de la fachada principal del Mercado de Abastos.
Por la tarde, las ruidosas peñas de jóvenes invadieron la ciudad con sus litronas y pistolas de agua, que les ayudaron a combatir el sofocante calor. El primer concierto en la plaza de España y los fuegos artificiales en A Moureira consiguieron atraer a miles de pontevedreses y forasteros deseosos de olvidar, al menos por unos días, la crisis para disfrutar de las fiestas. El ambiente festivo inundó la ciudad durante toda la jornada.