«Reparé un reloj de bolsillo que me trajo un nieto de Valle-Inclán»

PONTEVEDRA

Javier es el responsable de uno de los pocos talleres de relojería que se dedican en exclusiva a la reparación y restauración. Su abuelo empezó con el negocio en los años veinte, en el mismo bajo de la calle Riestra. En las paredes de su tienda cuelgan joyas como un Morez francés del siglo XIX, o relojes de mano de hace 300 años.

-¿Cómo han logrado mantener el taller durante tantos años?

-Sobrevivimos gracias a personas que tienen en los relojes un auténtico hobby, y a clientes que quieren conservar los que han heredado. Nunca nos sentimos tentados a ampliar el negocio a la venta de relojes, al contrario de la mayoría de los talleres.

-¿Les ha afectado mucho la crisis?

-La crisis afecta, porque la gente tiene menos dinero para gastar, pero cada vez los propietarios de estas joyas son más conscientes de su valor. Son piezas que no se consiguen fácilmente en el mercado, por mucho dinero que tengas.

-¿Cómo se forma un relojero?

-Ahora se pueden hacer cursos de dos semanas donde aprendes dos trucos importantes. Pero este es un oficio que requiere muchas horas de experiencia, y ya no hay relojeros como los de antes. A mí me enseñó desde pequeño mi abuelo, que aprendió en Madrid con maestros suizos. Para trabajar en esto hace falta una vocación tremenda, es un oficio que enamora. Se te tiene que meter en la vena.

-¿Cuál ha sido la pieza más valiosa que ha tenido que reparar?

-Recuerdo con mucho cariño un reloj de bolsillo que me trajo un nieto de Valle-Inclán. Era de su padre, el regalo que su madre le había hecho en la pedida de mano. Fue una responsabilidad muy grande, pero todos los días me enfrento a casos similares. Nunca puedes decirle a un cliente que se te ha roto una pieza. Aquí no vale lo de que todos somos humanos y fallamos en alguna ocasión.

-¿Cree que el negocio familiar continuará en generaciones futuras?

-Me gustaría que así fuera, pero lo veo difícil. Mi hijo, que tiene veinte años, ha preferido decantarse por la publicidad, y no está muy interesado en dedicarse a los relojes.