Una noche más que complicada. Para muchos pontevedreses, lo ocurrido a partir de la una y media de la madrugada de ayer fue como si se hubiera desatado el purgatorio en la tierra. Para algunos, incluso «el infierno». Pese a los vientos de más de cien kilómetros por hora y la persistente lluvia, para la mayoría lo más inquietante del temporal fue el ruido que acompañó a ambos fenómenos meteorológicos. «Era como si te envolviese, como un aspirador pero multiplicado por mil», describió un vecino de Benito Corbal.
Si bien las rachas más fuertes, según datos de los servicios de meteorología, se registraron poco antes de las dos de la mañana, lo cierto es que las incidencias más graves no se empezaron a suceder hasta las dos y media de la madrugada cuando se alcanzó el momento de mayor intensidad del temporal. De los teléfonos de la Policía Local y bomberos parecía que, por momentos, iba a salir humo. Algunas llamadas eran únicamente de personas que expresaban su temor por lo que se estaba viviendo.
En total fueron más de un centenar las actuaciones que tuvieron que llevar a cabo ambos servicios de emergencias para tratar de recuperar la normalidad en todo el ámbito municipal. El viento, no solo derribó unos 150 árboles, uralitas y contenedores en todo el término municipal, sino que se llevó por los aires las cubiertas del pabellón deportivo de la Xunqueira II y de la piscina de Pontemuiños. En el primero de los casos se optó por trasladar las actividades al Instituto Municipal dos Deportes, mientras que en el caso de Pontemuiños se cerró la piscina sin que se viesen afectadas el resto de instalaciones.
Monte Porreiro, Mourente, Montecelo y Campolongo se podrían considerar como las zonas cero de este temporal, que también dejó una huella de destrucción en los colegios de Vilaverde, Cabanas, Marcos da Portela y Xunqueira I y II por la caída de árboles en sus recintos.
Museo Provincial
Precisamente, uno de los árboles emblemáticos del Museo, en concreto uno de los dos cipreses del jardín posterior del edificio García Flórez, no pudo hacer frente a los embates del viento y se vino abajo, derribó el muro de la entidad y cayó sobre dos viviendas con fachada a las calles Flórez y Naranjo, causando importantes daños en el tejado. En la primera, existe un pub en el que no se encontraba nadie, mientras que la de la calle Naranjo está deshabitada y su propietario se enteró cuando paseaba por la zona, sobre la una de la tarde. No sufrió desperfectos el cañón ubicado esta parte ajardinada del Museo.
Técnicos de O Areeiro, ayudados de una grúa de la Diputación, procedieron a la retirada del ciprés, de entre 50 y 60 años. El director del centro, Pedro Mansilla, indicó que por prevención se decidió también talar su gemelo. «No es un árbol senlleiro, y se puede sustituir. Somos partidarios de quitar los dos porque hay un riesgo (...). En su momento se decidirá si se sustituye por otra especie o si el Museo necesita este espacio para otras cosas». El presidente de la Diputación, Rafael Louzán, indicó in situ que la institución fue advertida en alguna ocasión por los vecinos para retirar estos árboles por el peligro que suponían. «Sentimos que esto fose así porque puido pasar nunha vivenda habitada. Non foi o caso e imos retirar os dous para que non causen máis danos no futuro».
Si complicado lo tuvieron los servicios de emergencias y las brigadas de la Diputación, que acudieron, entre otros puntos, a la Canicouva, otro tanto se puede decir de las empresas de suministro eléctrico y de telefonía. De hecho, al cierre de esta edición aún no se había restablecido el suministro eléctrico y el servicio telefónico en la totalidad del municipio de Pontevedra.