José Díaz, el vecino de Moaña que denunció que un joven había matado a su perro en Bueu, narró ayer en Radio Voz Pontevedra que Pecas, nombre de la mascota, «servía de terapia para una persona con una enfermedad importante. No es solamente la muerte del perro, es todo lo que conlleva detrás».
Reconoció que una de sus hijas, la que define como propietario real del animal, «no sabe todavía cómo murió. Le tuvimos que decir que fue por un ataque al corazón porque tenía una edad ya avanzada. No sé si se lo cree o no, pero, de momento, va tragando».
En todo caso, José Díaz aseguró que, a día de hoy, su único interés es que el autor de la patada que mató a Pecas tenga que responder ante el juez. «Esto no puede quedar en nada», advirtió en la conversación telefónica, ya que reside en la localidad madrileña de Parla.
Con la emoción denotándose por momentos en su voz, el denunciantes rememoró lo ocurrido el 9 de noviembre en Bueu, en la confluencia de Pazo Fontenla con Alfonso Daniel Castelao. Tal y como explicó, el incidente comenzó cuando estaba paseando a Pecas y a Eto'o, la otra mascota de la familia, y se les acercó un tercer can, «de unos 5 o 6 kilos, y ataca a uno de los míos».
«Lo hizo a propósito»
Como tenía las manos ocupadas, no le quedó más remedio que utilizar un pie para separarlos. «Inmediatamente, un individuo, que luego supe que era el propietario, me dice «¡estás tonto ou que! Vouche dar unha lampada». José, tal vez para no buscarse mayores problemas, decidió seguir su camino.
Sin embargo, el tercer perro, siempre según su versión, volvió a la carga. De nuevo, tuvo que utilizar el pie para separarlos, «reacción del individuo, levanta de pierna y le arrea una patada... Uno puede hacer algo impensable, tener una reacción mala, pero este individuo la patada que le dio fue con idea de hacerle daño. No es algo que uno realice en un momento sin pensar. Lo hizo a propósito, a conciencia», insiste.
Lo cierto es que «levantó al perro uno o dos metros de altura, le pegó de lleno y cuando cayó, lengua fuera y muerto». José reconoce que se dejó llevar y «le pegué un puñetazo por el odio que tenía».
Su reacción, también tuvo contestación cuando se agachaba para recoger a la mascota moribunda, instante en que, según relató, recibió un puñetazo en la oreja.
Una de las cuestiones que más le indigna es que mientas Pecas se debatía entre la vida y la muerte, «él siguió a lo suyo, hablando por el móvil con una chica que luego supe que era su pareja. Es que ni se inmutó, como diciendo ahí os quedáis y joderos».
A este madrileño nacido en Moaña no le extrañaría que su interlocutor, llegado el caso, se comportara igual con un ser humano. Y es que, «al margen de que no se le puede permitir que lo haga con un animal, tal y como reacciono, mañana coge y tiene un disputa con cualquier individuo, reacciona de esta forma y lo mata».