La Feira Franca revalida con una masiva participación su éxito como «festa dez» y plenamente consolidada
Pontevedra regresó por un día al período más pujante de su historia, recreado por miles de personas
La ciudad retrocedió ayer en el tiempo, olvidándose de la crisis, para rememoral su esplendor medieval.
Los pontevedreses se vistieron de época y volvieron a volcarse en esta escenificación histórica con una participación masiva. «Esta xornada supera todas as previsións iniciais, xa leva dez anos e atópase totalmente consolidada», declaró la concelleria de Festas, Anxos Riveiro.
Este año también se buscó una recreación lo más fidedignia posible del siglo XV con calles y casas revestidas con estandartes y establecimientos de hostelería engalados. Y la reorganización de los puestos de alimentación facilitó el tránsito por el centro histórico, lo que algunos percibieron como una menor afluencia con respecto a otros años.
Las mesas y los comensales
La colocación de parte las mesas sufrió variaciones y la avenida de Reina Victoria y el Parque de Las Palmeras sustituyeron a la Alameda, pero la mayoría se mantuvieron en la zona monumental. «Llevamos cinco años comiendo en el mismo lugar, en la calle Amargura, donde tenemos preparada una mesa para la ocasión. Este año se han apuntado cerca de 45 personas y todos estamos vestidos acordes con la época», declara la presidenta de Amas de Casa de Pontevedra, Clara Santos, que explica que los trajes fueron realizados por los propios comensales a través de un curso de patronaje impartido en la asociación.
Toda persona inscrita en una de las mesas decoradas para el esperado día, debían acudir con la vestimenta medieval. De hecho, las propias mesas también debían cumplir unos requisitos. Los cubiertos actuales se transformaron en cucharas de palo, los platos eran de cerámica o madera y las copas se sustituyeron por cuncas para el vino.
En cuanto al almuerzo, los precios de las comidas reservadas superaban los 25 euros. Chorizo a la brasa, jamón asado o pulpo fueron algunos de los platos demandados por parte de los comensales. Si uno se decantaba por los puestos instalados en la calle, el importe rondaba los 3 euros por ración de empanada. «Me parecen exagerados algunos precios. Parece que los vendedores quieren sacar un provecho máximo en un sólo día», opinaba una joven pontevedresa.
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