«Descansaré cuando en la partida de defunción de mi padre ponga fusilado»

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El hijo del impresor y líder socialista, Ramiro Paz, víctima de la barbarie de la Guerra Civil, explica como su trágica muerte le marcó desde niño para toda la vida

06 jun 2009 . Actualizado a las 02:00 h.

Elena Larriba Es descendiente directo de una generación de pontevedreses única e irrepetible, truncada por la barbarie de la Guerra Civil. Su padre era el impresor Ramiro Paz Carbajal (1891-1936), figura emblemática del socialismo obrero en las primeras décadas del siglo XX y uno de los diez fusilados aquel fatídico 12 de noviembre. Lo mataron en A Caeira junto a otros nueve compañeros, los médicos Amancio Caamaño, Telmo Bernárdez y Luis Poza Pastrana; los maestros Paulo Novás, Germán Adrio Mañá y Benigno Rey, el abogado José Adrio Barreiro; el periodista Víctor Casas y el capitán Juan Rico.

El Concello les dedicó una calle con el nombre 12 de Noviembre y un monolito, donde cada año se renueva el homenaje a las víctimas de la represión franquista. Isidro Paz reivindica que fueron más de 200 los pontevedreses fusilados y cree que, de dar nombres, habría que citarlos a todos, «porque el valor que tiene para mí mi padre es el mismo que tiene un albañil, al que también hayan matado, para su hijo, aunque no fuera tan conocido».

Para sus amigos y familiares es Cané y, aunque era muy pequeño, todavía se acuerda del fuerte olor a tinta, el ruido acompasado de las máquinas y el ambiente que se respiraba en la imprenta de su padre, La Popular, donde se editaba el semanario socialista La Hora y otras publicaciones izquierdistas. «Yo andaba por allí y pedía que me dejaran llevar en bicicleta alguno de los periódicos que imprimía a los suscriptores; sé que había uno en A Seca que tenía una fábrica de chocolate».

Los biógrafos de Ramiro Paz le describen como un hombre «moderado en las formas y radical en las ideas», con un profundo sentido de la justicia social, de la igualdad y de la libertad, tolerante, enemigo de la violencia y «defensor de la transformación social por la vía pacífica». Su hijo parece haber heredado ese talante y corrección, aunque dice que «no tanto». «Porque mi niñez y juventud fue distinta y porque su muerte marcó mi vida para siempre y con los años me transformó», explica.

Lo fusilaron cuando él tenía diez años y cuenta que su madrastra y otras mujeres de compañeros procesados en la misma causa, entre ellas Aurora Poza, esposa de José Adrio, viajaron a Toledo para entrevistarse con Mola y pedir clemencia. «Pero cuando regresaron ya los habían matado, adelantando la fecha del fusilamiento».

Ramiro Paz se casó dos veces e Isidro es uno de los cinco hijos de su primer matrimonio con Pura Veloso, que falleció muy joven, a los 29 años. Su segunda mujer fue Dolores Lois, con la que tuvo otros cuatro hijos. «Yo fui el díscolo y greñudo de los nueve hermanos y al faltarme mi mamá y mi papá creo que descontrolé y me marché con mis abuelos maternos».

Vivían en A Moureira y eran gente humilde. El abuelo era marinero «y me fui con él a la mar a los 13 años», sigue contando. «Íbamos a pescar a la rapetilla remando hasta Beluso y Sanxenxo». Además, acompañaba a su abuela en gamela a Lourido a buscar arena fina «que metía en sacas cilíndricas y las vendía a los comercios para ponerlas en invierno en las puertas y evitar que entrara el agua de la lluvia».

Imprenta recuperada

En la mar trabajó hasta los 17 ó 18 años y después de una especie de «reconciliación» con su madrastra volvió a casa con sus hermanos. La Falange se había apoderado de la imprenta de su padre y al cabo de un tiempo la familia Paz, respetada por otros posibles pujadores, consiguió recuperarla en subasta pública lo más barata posible.

Ramiro, el hermano mayor, e Isidro, volvieron a abrirla en la calle Martitegui, no sin cierto boicot oficial a la hora de optar a hacer algún trabajo para el Ayuntamiento. Luego ambos emigraron a América (Brasil y Venezuela). Llegó a Caracas a mediados de los años cincuenta, donde ya estaba otro de los hermanos, Óscar, y allí continuaron su trayectoria empresarial como tipógrafos e impresores. Mientras aquí, el pequeño de los Paz, también de nombre Ramiro, mantuvo la actividad de la imprenta pontevedresa en la calle Herreros hasta hace muy poco tiempo.

Isidro regresó de Caracas a finales de los sesenta y junto a su mujer, Dolores García Cochón, que compartió con él muchos avatares de la vida, abrió en 1968 la Librería Paz, en la calle Peregrina. En la actualidad, ya en manos de su hijo Cano, es la más antigua de la ciudad y un referente en literatura gallega, de fantasía y cómic.

Considera que tuvo «una vida triste», llevando muy dentro el dolor por la muerte de su padre. Si cuando lo fusilaron hubiera tenido cinco o diez años más «me hubiera echado al monte», dice. Reconoce que de aquella lo que quería era venganza y ahora quiere justicia.

Le preocupa no haber podido hacer algo más por la memoria de su progenitor y exige por dignidad y orgullo que se reconozca en la partida de defunción que fue fusilado. Ha ido más de una vez a pedirla al Registro Civil y figura que murió de una hemorragia, cuando otros documentos oficiales certifican su fusilamiento. Pero aún así no la han modificado. «Cuando lo consiga, descansaré», concluye.