El Museo dedica la primera gran retrospectiva a la obra de Manuel Ruibal, en la que muestra su evolución a lo largo de cuatro décadas
30 may 2009 . Actualizado a las 02:00 h.«Le dí tantísimos disgustos a mi madre que bien merece un homenaje». Y Manuel Ruibal por fin ha podido dárselo con la exposición antológica que ayer inauguró en el nuevo edificio del Museo. Preciosa Ruibal falleció hace treinta años y a ella está dedicado también el poema que abre la muestra: «El que tiene una madre tiene una inversión en alza, y yo no la tengo, pero me conformo con este homenaje», señaló el artista en Radio Voz.
La sala de muestras del Museo reúne cerca de un centenar de obras de pintura, escultura y dibujo que Ruibal ha ido firmando desde el año 66 hasta el 2008. Buena parte de ellas proceden de colecciones particulares y en concreto dos no las había vuelto a ver desde 1966. «Estaba loco por verlas y una me ha gustado, la otra no tanto», comenta. En la inauguración se proyectó un documental sobre el propio Ruibal realizado por Manolo Yáñez, en la que el propio artista relata fragmentos de su vida.
Con sinceridad, Ruibal dice que si fuera rico, nunca vendería un cuadro, «pero tengo que vivir de la pintura». «Pinto para mí -aclara- y parece una soberbia, pero también es un riesgo, tuve épocas altas y bajas, porque vivir de la pintura no es una broma». Añade que le hubiera disgustado que alguna de sus hijas hubiese seguido sus pasos, «porque un artista o destaca de verdad o resultas una vergüenza social, o eres extraordinario o no tienes nada que hacer».
La exposición se estructura en tres apartados cronológicos. El primero abarca desde el año 1966 hasta 1980, en que la pintura del artista se inicia con temas de figura y paisaje, centrado en tonos grises y azules, que expuso por primera vez en Murcia en 1967. Su estilo va evolucionando luego hasta el informalismo de formas desintegradas y fuerte empaste, dando protagonismo a la materia. Y esa pintura expresiva se vuelca en la segunda mitad de los setenta hacia un grafismo esquemático y lineal, con tinta china y témpera al huevo.
La segunda parte comprende los años de 1983 al 1999, en el que Ruibal estiliza y depura las formas, traza figuras femeninas con movimiento y el canon alargado e incorpora el tema de la naturaleza. Ese proceso de depuración le conduce a la abstracción y a la simplificación de líneas y colores, tanto en los soportes tradicionales como en los objetos que incorpora, como piedras graníticas o cantos rodados.
Y a partir del 2000, la experiencia sobre el soporte pétreo conduce al creador pontevedrés a pintar sobre enormes monolitos que aluden a los antiguos menhires. Una de las piezas que estuvo en la muestra Campo de Estrelas, en Santiago, titulada Negral, preside en esta exposición el exterior del edificio del nuevo Museo. También en esta última etapa en la pintura y el dibujo adopta una sobriedad compositiva y cromática.