El presidente del Colegio de Médicos destaca la necesidad de que Pontevedra cuente con unidades de radioterapia, hemodinámica y medicina nuclear
30 may 2009 . Actualizado a las 02:00 h.La miopía le apartó de su sueño juvenil, convertirse en piloto de aviación. En ello pensaba cuando estudiaba el Bachillerato en Peleteiro, en Santiago. «Pero estaba en sexto curso y me apareció la miopía -cuenta-. Y entonces, no podía ingresar en la Academia del Aire de San Javier con déficits visuales». La medicina, la biología o la química eran sus siguientes opciones. Y ganó la primera, quizás también por el peso de la tradición familiar, ya que además de tener un hermano médico, su tío era catedrático de Medicina en Santiago. Todavía hoy le queda la espinita, aunque reconoce que ha podido resarcirse yendo en la cabina en algún vuelo con amigos. «Siempre te queda eso -dice- de lo que podía haber sido y no fue».
Campos Villarino estudió en Santiago del 71 al 77, donde también hizo la especialidad durante otros cuatro años. Su primer trabajo fue en el Hospital Puerta de Mar de Cádiz, donde permaneció entre 1982 y 1990. Y en ese último año se fue al actual Chuvi de Vigo, donde es el jefe del Servicio de Medicina Nuclear.
Cuando vivía fuera hacía todas las escapadas que podía a Pontevedra, «una ciudad que siempre me encantó» y de la que destaca en especial la zona monumental. Y en ella, la reina es la plaza del Teucro, muy cerca de donde suele quedar con sus amigos, en la taberna La Navarra. «En el casco viejo, las casas blasonadas, la arquitectura... parece que rezuman historia -explica-. Me gusta venir a dar paseos y tomar un vino con los amigos, sobre todo en los primeros días del invierno, cuando llueve y anochece pronto. Creo que los pontevedreses debemos sentirnos unos privilegiados por tener una ciudad tan bien conservada en general y sobre todo por su zona monumental, que en Galicia quitando la de Santiago es la de mayor riqueza arquitectónica e histórica».
Desde el año 2005 Campos compagina su actividad con la presidencia del Colegio de Médicos de la provincia, a la que sumó desde el 2007 la del Consello Galego de Colegios Médicos, revalidada este mismo año. Es decir, defiende los intereses de los más de once mil profesionales del sector que trabajan en Galicia. «Es complicado, porque el Colegio requiere mucha dedicación -señala-. Estás luchando por dignificar la profesión de tus compañeros, y es un colectivo amplio. Por ejemplo en la provincia hay colegiados 4.000 médicos y lógicamente no todos piensan igual. Hay muchas sensibilidades y todavía hace más difícil el trabajo, porque de lo que se trata es de intentar contentar a la mayoría, pero si es posible que todos los grupos se sientan de alguna forma representados. Pero bueno, es bonito».
Precisamente, el colegio pontevedrés fue reconocido como el más activo de España por los internautas que visitaron la web de la revista Redacción Médica y galardonado con el premio Top 10. «Es agradable que tenga ese reconocimiento -añade-. La primera selección, además, la más significativa, la hicieron periodistas sanitarios, seleccionando diez colegios destacados entre los 52».
Uno de los aspectos que valoraron los internautas fue la especial sensibilización que mostró el Colegio con la deficitaria situación de la Atención Primaria. Campos corrobora que «en Galicia se necesita un esfuerzo» en este campo, «por la estructura geográfica de la comunidad». «Hay muchos concellos y está la dispersión de la población -señala-. No es lo mismo manejar un ratio de atención primaria en Galicia que en Castilla La Mancha. Aquí estamos en la franja media con respecto a España, pero sus condiciones de geografía y demografía necesitan ese esfuerzo adicional».
En lo que se refiere a la especialización, Campos subraya que la formación en España está entre las tres mejores de Europa, pero insiste en que el sistema público «tiene que fidelizar a los médicos que acaban su formación por la vía Mir, si no, estos seguirán yéndose fuera». Esta fidelización pasa «por la estabilidad laboral, el reconocimiento profesional y el social».
Para Pontevedra, considera fundamental «establecer los servicios de un hospital de tercer nivel», es decir, con amplia cartera de especialidades que incluyan, por ejemplo, las ahora inexistentes de medicina nuclear, hemodinámica y radioterapia. «Lugo y Ourense las tienen y Pontevedra no, cuando tiene suficiente número de pacientes», señala. Subraya que la capital suma con Poio y Marín 120.000 habitantes, «el tercer núcleo de población inmediato a un hospital en Galicia, por lo que no se puede condenar a este área a mantener un hospital de segundo nivel». «Somos conscientes de que hay servicios y especialidades que por la prevalencia de la propia patología deben ser derivadas a uno de los tres grandes hospitales (Vigo, Santiago y A Coruña) -advierte-. Pero no se puede condenar a la ciudad a no tener un servicio de radioterapia, hemodinámica y medicina nuclear».
Recuerda que en Vigo las unidades están gestionadas por una empresa privada «que le factura al Sergas y necesita para defender su cuenta de resultados una carga de trabajo, y hay que buscarla en algún lado». Y pregunta: «¿Puede haber algún interés secundario? ¿Por qué no?».