Los intereses elevan la deuda global del Teucro a 1.300.000 euros

Xabi Otero

PONTEVEDRA

02 abr 2009 . Actualizado a las 11:18 h.

La realidad económica del Teucro cada día es más desalentadora. Las cifras no paran de crecer y los integrantes de la gestora, a los que habría que encargar otro monumento para adornar un parque de Pontevedra por su extrema valentía, están un poco desbordados por la situación. Y no es para menos porque ayer se aseguró que los intereses de demora elevan la deuda global del club a 1.300.000 euros, que aún podría aumentar si aparecen más cuentas pendientes.

Dicho así parece una losa imposible de levantar, pero Tino Fernández, Nacho Couto, José Calvo o Javier Varela, entre otros, no están dispuestos a arrojar la toalla y eso es digno de alabar porque otros en su lugar ya habrían cogido la puerta para no volver. Solo por eso merecen el apoyo unánime de instituciones, empresas, socios del Teucro y ciudadanos en general.

La deuda con Hacienda y con los trabajadores, entre los que destacan jugadores y cuerpo técnico, representan el 75% de la deuda total. Así, la Agencia Tributaria reclama aproximadamente 600.000 euros a los que hay que sumar otros 100.000, que corresponden a intereses de demora.

A Coque Fontenla, de acuerdo con la sentencia del Tribunal Superior de Xustiza de Galicia, habrá que pagarle 56.333 euros y Rafa Dasilva, Javi Carrera, Dani Benaches y el resto del plantel tienen pendiente de cobro cinco mensualidades a razón de unos 30.000 euros que arrojan un total de 150.000.

A eso hay que añadirle las catorce nóminas que se le deben al cuerpo técnico que encabeza Víctor García Borrás y las cantidades que deben percibir otros asalariados como los entrenadores de los restantes equipos del Teucro y las empleadas de la oficina. Hasta aquí ya estaríamos por encima del terrorífico millón de euros.

Para terminar, en la lista de acreedores, figura la empresa de transportes Monbus, que tiene pendiente de percibir varios desplazamientos que suman un buen pico, las empresas que visten a los distintos conjuntos de la entidad y otros proveedores varios. Así visto, el panorama es para echarse a temblar y, con buena lógica, la desaparición del Teucro parecería estar a la vuelta de la esquina, pero los gestores están dispuestos a dejarse la piel para impedirlo.