«Pontevedra es envidiable para vivir, incluso para los vigueses»

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Es consejero delegado del grupo de empresa Netaccede y directivo del Club Financiero olívico, y defiende la gran área metropolitana entre ambas urbes

14 mar 2009 . Actualizado a las 02:00 h.

Elena Larriba Es economista, socio fundador y consejero delegado del Grupo Netaccede, de desarrollo de ideas avanzadas de negocio, una actividad que define la personalidad emprendedora e innovadora, desde el punto de vista tecnológico, de Marcelino Otero. Además, es directivo del Club Financiero de Vigo y miembro del Club Rotary de Pontevedra, del que fue presidente. Trabajó en grandes consultoras multinacionales y en empresas líderes de la construcción, siempre centrado en el desarrollo y la diversificación de nuevos proyectos de negocio. Ni el cáncer ha conseguido mermar el tesón y capacidad de trabajo de este luchador, optimista por naturaleza.

Su trayectoria es arrolladora, pero Marcelino sigue siendo el mismo de siempre para sus muchos amigos, discreto vecino y amante de esta ciudad. Un pontevedrés de pro que, además, alardea de serlo en el ambiente empresarial vigués en el que se desenvuelve. Es partidario de la gran área metropolitana Vigo-Pontevedra y de la «conurbación». Y afirma que «esta ciudad es envidiable para vivir y pagar aquí impuestos, e incluso la envidian los vigueses».

Nació en Brasil, a donde emigraron primero su abuelo y después sus padres. En ese sentido, dice de sí mismo que «soy el resultado de una expresión económica de la crisis de postguerra y del desarrollo de la Galicia y la España del siglo XX».

Su familia regresó a Pontevedra cuado él tenía 10 años. Su padre, de Lalín, y su madre, de Ponte Caldelas, se afincaron en esta ciudad, en la zona de Loureiro Crespo, «que entonces le llamábamos el cruce de Ponte Caldelas, donde mi abuelo tenía una casa».

Comenzó el bachillerato en el antiguo Colegio de la Inmaculada, que entonces estaba en la plaza del Teucro y después se trasladó a la avenida de Vigo. «Para mí fue impactante y convulsa la dureza de aquella disciplina interna». Evita profundizar.

Es de la primera promoción de COU, que cursó en el Sánchez Cantón. «Yo no me distinguí por ser un gran estudiante, pero fui aprobando los cursos y saqué mi carrera». Fue también de los primeros licenciados en Empresariales de la UNED.

Cuando acabó el bachillerato, ese verano tomó clases de contabilidad para prepararse para la carrera. «Era un momento de euforia generalizada de oposiciones a la banca, todos los que estudiaban contabilidad conmigo estaban en ello y me contagiaron». Aprobó las de Caja Rural, pero le condicionaron la plaza a que hiciera la mili y se puso a ello. Mientras hacía el servicio militar, se matriculó en Empresariales en la UNED y, con la mili ya hecha, en 1976 entró en la Caja Rural. Siguió estudiando, se casó con su inseparable Lola y se convirtió en padre de familia.

Inquietud política

En plena transición democrática sintió la inquietud política. López de Guereñu, que también estudiaba en la Universidad a Distancia, le llevó a la militancia socialista. «El PSOE tenía gente importantísima, pero se produjo la desbandada a Unidade Galega y yo, que era un currito, pegador de carteles, pasé por generación espontánea a número 3 de la lista de las municipales del 79». Se convirtió en el concejal más joven (24 años) de la primera corporación democrática. «Guereñu, Caballería y yo hicimos la lista; no tengo ningún mérito, fui concejal porque todo dios se largó».

Los sindicatos formaban parte del sistema de normalización política y ya antes, con otros siete, Marcelino ayudó a montar aquí la UGT, «en un despacho en el piso 15 de Las Torres». «Aquello era romanticismo puro y ser de izquierdas, lo natural. Trabajaba, estudiaba, era padre de familia y aún tenía tiempo para la política. Ahora que lo pienso...».

En 1982 el PSOE gana las generales. «Y en las siguientes municipales de 1983... ¡Amigo! En el Partido Socialista ya había cola, todos los pavos reales abrieron las plumas y para entrar en una candidatura había que matar».

«Cogí una hepatitis y estuve tres meses en cama cuando se estaban fraguando las listas, y por supuesto, no contaron conmigo, porque tampoco era un militante significado», explica. Se apartó de la política un tanto desencantado por las luchas internas en el partido, «aunque sin ningún resentimiento». Y se centró en su carrera profesional.

Cuando aún estaba en la Caja Rural, la Caja de Ahorros de Pontevedra lo quiso contratar para llevar un nuevo departamento de Organización y Método. Aquello no cuajó, pero precipitó su salida de Caja Rural. Además de economista, Marcelino Otero se había hecho auditor -entonces censor jurado de cuentas-y había montado una asesoría de empresas, Estudio de Economistas S.A., con Santiago Roma, Javier Martínez Abal y otros.

En 1986 tenían una buena cartera de clientes y con la fusión de Deloitte and Touche «unos galleguiños propugnamos para entrar, nos absorbieron y pasamos a ser gerentes de la multinacional en Galicia». A la sazón, fue fichado por Constructora San José como director de desarrollo corporativo para crear nuevas empresas, productos y mercados, y no dudó en irse dos años a Washington, donde vivió una gran experiencia.

Pero Otero no paró hasta desarrollar su propio proyecto con otros socios. Netaccede (Ideas Avanzadas de Negocio), de la que es consejero delegado, es una financiera de capital riesgo, participada por Caixanova y orientada a crear otras empresas. Del grupo forman parte Netglobal (Consultores Asesores), Callcenter (Centro de Atención de Llamadas S.A.), Sma (depuración de aguas), Contactnova (estudios de mercado y márketing telefónico) y Construdata21 (datos de obras en proyecto y en construcción de España).