Un decreto ley de 1995 establecía que las aglomeraciones urbanas con más de 10.000 habitantes-equivalentes y que viertan las aguas residuales urbanas en zonas sensibles deberían disponer, antes del 1 de enero de 1999, de instalaciones adecuadas para que dichas aguas sean sometidas, antes de su vertido, a un tratamiento más riguroso que el secundario. Pontevedra tuvo que esperar a enero del 2008 para disponer de un tratamiento con rayos ultravioleta.
El nuevo sistema permite la práctica eliminación de bacterias coliformes, coniformes y estreptococos. Cuatro microfiltros atrapan los más pequeños sólidos en suspensión y el sistema incluye igualmente dos bancadas con 50 módulos de rayos ultravioleta. En total, se instalaron 400 lámparas con una potencia eléctrica de 100.000 vatios, regulados por un sistema informático en función de los datos de salida del agua.