El dueño del Boavista dice que acuchilló al joven para protegerse

N.S.

PONTEVEDRA

Víctima y acusado presentaron tesis completamente opuestas sobre lo que ocurrido el 2 de junio de 2006 en el polémico edificio Boavista de Portonovo (Sanxenxo). El imputado declaró durante su juicio, celebrado ayer en el Penal número 2 de A Parda, que acuchilló al joven, que entonces tenía 17 años, para defenderse de unos supuestos ataques del agredido. Por su parte, la víctima testificó que el acusado, Pedro Prieto, lo atacó sin mediar prácticamente palabra mientras esperaba para ayudar en la instalación de una puerta en uno de los apartamentos del inmueble, propiedad del procesado.

De acuerdo con Pedro Prieto, de 78 años, cuando salió de casa en el día del suceso se encontró al joven en el pasillo de la segunda planta del edificio. «Me dijo que me iba a matar y que me iba a estrangular», declaró el imputado, que se enfrenta a una pena de cuatro años de cárcel por un delito de lesiones graves. «Estaba obsesionado con estrangularme», añadió. La acusación solicita cinco años de prisión y una indemnización por daños de unos 60.000 euros.

El procesado sostuvo que como consecuencia de la actitud del agredido, entró en su hogar «y me fui a los cuchillos a ver si así me dejaba tranquilo». Posteriormente, según la versión del acusado, Pedro Prieto pinchó con el cuchillo al joven «aunque no quería agredirle, ni hacerle daño. Solo quería que me dejara en paz».

Lugar del suceso

Sin embargo, la versión de la víctima nada tiene que ver con la del imputado. «Estaba esperando al carpintero y vi venir al señor con un cuchillo medio agachado», señaló el joven, que recibió heridas de arma blanca en el tórax, en un brazo y en una mano. Tras ser atacado, el adolescente tenía la camisa ensangrentada y pidió ayuda a gritos. «Nadie me auxilió», señaló.

Durante la vista oral, la Fiscalía y la defensa intentaron transmitir que el ataque se produjo, por un lado, en el pasillo del edificio, y por el otro, en el interior del domicilio del imputado.

Por su parte, la forense indicó que los restos de sangre que se hallaron en el piso del imputado eran de su esposa, que resultó herida en el enfrentamiento, y señaló que la sangre en el pasillo era del herido.

«Yo traté de defender a mi marido y me cortó con su navaja. Estoy segurísima», señaló la mujer del acusado. No obstante, la Guardia Civil nunca recuperó la navaja, y se descubrió que la sangre que había en otros restos de sangre que había en el cuchillo eran de la testigo.

La Fiscalía de Pontevedra y la acusación particular insinuaron que la mujer se autolesionó. La forense afirmó que las lesiones sufridas en la mano de la esposa del imputado pueden producirse de forma accidental, debido a una agresión o por una auto lesión.

El abogado defensor tildó de absurdo que la esposa del acusado se autolesionara, así como la versión de que el suceso ocurrió en el pasillo del edificio y no en el domicilio de su cliente.