Unos okupas toman un edificio en pleno centro de Pontevedra

PONTEVEDRA CIUDAD

Del antiguo bar Garrido, en la calle Echegaray, apenas queda el cartel de su entrada. Su interior está irreconocible. Destrozado, sucio y con un fuerte hedor muestra los efectos de varias semanas de ocupación por un grupo de indigentes.

Vecinos de esta céntrica calle aseguraron ayer que los residentes ilegales rompieron la puerta de madera para entrar y acceder no solo al establecimiento, sino también a las dos plantas superiores del inmueble. Desde entonces, cuatro o cinco okupas lo han venido utilizando como su campo de operaciones y han transformado el edificio en un foco de insalubridad.

La situación ha llegado a tal extremo que la Asociación de Vecinos San Roque exigió ayer al Concello que obligue a los propietarios, una constructora, a tapiar los accesos del mismo. El presidente del colectivo, Sabino Martínez, aludió a que, sin ir más lejos, un inmueble adyacente está tapiado con ladrillos.

En este sentido, advirtió que existe un riesgo grande de incendio. De hecho, no hace mucho, los servicios de emergencia se tuvieron que desplazar hasta el número 11 de la calle Echegaray alertados por una fuerte humareda que salía del inmueble. Fue una falsa alarma. Uno de los inquilinos ilegales había decidido demostrar sus dotes culinarias y hacer una churrascada en el interior de una de las plantas.

No es el único incidente que relatan los vecinos. Así, subrayan que, al menos uno de los del grupo, suele salir por el portal llevando chatarra que luego vender, lo que explicaría los destrozos ocasionados en algunos puntos de la edificación, al tiempo que apuntan que le hecho de que las puertas estén abiertas es una invitación para todos aquellos que quieran llevarse algo del interior.

Tras reiterar que el edificio se ha convertido en un foco de insalubridad, en el que se acumulan desechos y basuras, criticaron algunos gestos que, según indicaron, los okupas han dirigido a viandantes sin importarles la edad. En este sentido, un joven relató que recientemente pudo observar como uno de los indigentes comenzó a enseñar el trasero desde uno de los balcones, mientras que un segundo vecino subrayó que, en un momento dado, empezó a tocarse los genitales y a dirigir expresiones obscenas a varias chicas.

En otros casos, las conductas mostradas por los okupas han causado estupefacción entre los viandante, quienes no dudan en reseñar el caso de uno de estos inquilinos que, en lugar de por la puerta, gusta de acceder trepando por una bajante.

El interior del inmueble ofrece un aspecto descorazonador. Las escaleras de madera prácticamente sueltas, mugre y colchones apilados de cualquier modo, puertas rotas, baños destrozados con el retrete por los suelos, sofás con restos de comida, suelos rayados y reconvertidos en vertederos... «Es muy poco higiénico», concluyó un vecino.