Tras más de trece años participando en misiones humanitarias, la de Irak, con casi total probabilidad, fue la más polémica intervención internacional de la Brilat. Se dio la circunstancia añadida de que las tropas pontevedresas configuraron el primer contingente español que tomó parte en este escenario de operaciones.
La cabo primero Susana Domínguez Ríos, adscrita a las unidades de Sanidad de la brigada acuartelada en Pontevedra, fue una de las militares pontevedresas que se desplegaron en el conflictivo territorio. Recuerda como cuando pisaron el suelo de Irak un grupo de niños se les acercó para pedirles comida.
En ese momento, uno de los soldados estadounidenses que les escoltaba cargó su fusil. «''¿Qué haces?'' le grité yo y él me respondió ''Baby bum''». Ante esta contestación, Susana Domínguez le dijo «no pasa nada. En España, también hubo baby bum». El concepto era diferente al que ella, en un primer momento, creía. Y es que «iban a los orfanatos, cogían a niños y les colocaban bombas. El soldado estaba dispuesto a pegarle un tiro al chaval. Yo creo que no podría. Tendría que pensarlo mucho. Decirme tiene una granada y va a matarme».
Lo cierto es que la de Irak fue un operativo «bastante» complicado, «porque el país atravesaba por una crisis muy severa. No había medicamentos, no tenían dinero... Nosotros teníamos contacto con la población para ayudarles en lo básico y nos traían a bebés. Nuestro problema es que la sanidad militar es para adultos. No tenemos medicación para bebés».
Espíritu inderrotable
De hecho, entre los malos momentos vividos en este país, se encuentra el caso de un recién nacido que les llevaron a la base quemado y al que no pudieron hacer nada.
Sin embargo, este tipo de situaciones no derrota al espíritu de esta cabo primero, quien destaca la «ayuda que prestas a la población civil y a tus compañeros» en estas misiones.
Una experiencia diferente fue el operativo del Líbano. «No se me hizo nada complicado», apunta la soldado Yolanda Núñez Pérez, para quien el trago más duro implica el tener que estar separada de su familiar: «Aquí yo veo día a día a mi familia, y allí en cuatro meses y medio...».
Durante la misión, la labor de esta militar fue a caballo de realizar patrullas de vigilancia y su estancia en la base Cervantes como miembro de la banda de guerra de la Brilat. De esta experiencia se lleva un buen recuerdo, ya que «nos trataron bien y nunca tuvimos ningún problema».
Sin embargo, Yolanda Núñez asume que se trata de misiones en las que los riesgos son inherentes a las mismas. No en vano, fue compañera de promoción y amiga de Idoia Rodríguez Buján, la primera soldado española fallecida en un operativo de estas características.